Política Aseguradora Argentina

Buenos días. Primero, no nos olvidemos que estamos en un aniversario, por lo que corresponde saludar a las autoridades de la revista -saludar “a la revista” sería un poco impersonal. Felicitaciones a todos los que hacen “Mercado Asegurador”.
En segundo lugar, quisiera aclarar que hablar después de Manuel Maestro es complejo. Manejar la sintaxis de ese modo no es para el común de los mortales, así que disculpen, y traten de no comparar.
Por último, como el tema que voy a tratar es demasiado importante voy a romper con una costumbre: en este caso, escribí algunas notas y las voy a leer.
Creo que uno de los principales problemas que hemos tenido en las discusiones -en todos los campos, no estoy hablando sólo de seguros- se origina en que abandonamos una vieja costumbre de los escolásticos. Ellos iniciaban cualquier trabajo que publicaban, escribían o pensaban con una serie de definiciones de términos -cuando uno lee los trabajos de los escolásticos nota que siempre empezaban de esta manera. La definición de los términos nos podría ahorrar muchas discusiones. Es decir, aclarar de qué estamos hablando cuando estamos tratando un tema determinado, porque nuestro maravilloso lenguaje natural es ambigüo. Dos personas pueden estar usando un mismo vocablo con dos sentidos totalmente distintos. ¿Qué es lo que quiero decir con esto? Que en principio voy a intentar dar algunas precisiones acerca de la expresión “política aseguradora”, que parece tan ampulosa. Vamos a tratar de definir algunas cosas. Vuelvo a la lógica. Para saber de qué estamos hablando podemos usar dos criterios: podríamos hacer una larga y dificultosa lista de los elementos que debe comprender una política aseguradora, y nos podría llevar mucho tiempo ponernos de acuerdo; busqué un camino un poquito más coloquial y más simple: es decir, determinar qué no es una política aseguradora.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que el seguro está relacionado con casi todo. Hacia donde miremos, vemos que alguna incidencia tiene o puede tener. Que esté relacionado con casi todo no lo convierte en el centro del mundo; no pierde, de ningún modo, su papel instrumental. Esto es importante, porque muchas veces se plantea una visión demasiado centrada desde el mercado de seguros y no se tiene en cuenta que en general es una herramienta para otros sectores de la actividad económica, de protección del patrimonio, de ahorro, etc., que debe ser correctamente usada.
Vamos a precisar qué no es una política aseguradora. Hay que considerar que el mundo no se puede adecuar a las necesidades del seguro. Este es el primer punto. Una política aseguradora no es adecuar el resto de la realidad a sus necesidades. Es preciso que el mercado de seguros y las exigencias que se le plantean respeten la técnica, pero no se puede pretender que todo el mundo se adecue en función de las necesidades del sector. Esto es muy común: cada vez que sale una ley o se dicta una norma, dicen “no se tuvieron en cuenta las necesidades del seguro, no se tuvo en cuenta aquello, no se tuvo en cuenta lo otro” -trato de expresarme de manera coloquial. La verdad es que lo mejor que podría suceder es que cada vez que el Estado tome una medida, se cerciore de que esté lo suficientemente adecuada a los intereses y puntos que toca. No suele suceder así. Pero esto no le pasa solamente a este sector, sino también a muchas otras actividades, en donde a veces se regulan o legislan normas y no se tienen en cuenta algunos efectos que pueden ser negativos o inadecuados para algunos de los sectores comprendidos. Ahora, esto no debe ser tomado como una agresión al seguro, sino como la apreciación particular sobre lo que suele suceder, no sólo en la actividad estatal.
¿Qué otra cosa no es política aseguradora? No es sustituto de acciones comerciales de las empresas. Algunas entidades añoran que alguien tome la decisión comercial por ellas. La postura de que deben ser las decisiones gubernamentales las que garanticen los resultados o las que definan variables de gastos, o de precios, etc., me parece poco clara. Esto no forma parte de la política de seguros.
Otra cosa que no constituye una política aseguradora es tratar de imponer las necesidades del seguro donde no es necesario. Algunas veces existen planteos de regulaciones o de normas donde se intenta hacer esto.
Por último, la política de seguros no es un tema que sólo afecte a los operadores del sector. Justamente, es algo demasiado vinculado con todo el resto de la actividad económica como para pensar que sólo debe opinar o participar en su diseño este sector, ya que no es un problema interno.
Vamos a hacer un poco de historia. En general, se escuchan mucho las frases “no hubo”, “no está”, “no se define” o “no hay política aseguradora”. Creo que una afirmación tan tajante por lo menos se basa en algunos olvidos. Voy a hacer una versión histórica tan simplificada que puede ser objeto de fáciles críticas. Podemos definir un diseño de mercado hasta una época imprecisa, ahora llamada los 90, y otro posterior. Uno puede estar de acuerdo o no con un modelo u otro, pero creo que en los dos hubo política aseguradora y diseño de mercado. Hasta los 90 tenemos un mercado altamente desconcentrado, con una fijación de normas de solvencia pensada para mantener ese grado de concentración, un fuerte acento en el concepto de ahorro interno y manejo de divisas -creo que en eso se traducía el reaseguro monopólico y estatal, en poseer un instrumento muy importante en la gestión de divisas para el país-, una fuerte presencia de operadores públicos y un manejo estatal -que todavía está en la ley, si uno analiza con detalle la Ley Nº 20.091 y la Nº 22.250- de determinadas variables comerciales de las empresas. Uno puede estar de acuerdo con esto o no, pero no se puede decir que no había una fuerte definición política de lo que se quería hacer con seguros.
Después de los 90, el objetivo fue un incremento gradual de las exigencias de solvencia, prestando menor atención a sus efectos de mercado. Cuando uno analiza que gran parte de las modificaciones en las exigencias de solvencia provocaron el cierre de más de 200 empresas, tiene que pensar que se dejó de poner el acento -deliberadamente, no por omisión- en mantener el nivel de desconcentración de mercado para buscar un grado mayor de solvencia. Ahora bien, esto tampoco se hizo de un modo agresivo, sino gradual. Este es uno de los temas que siempre seguimos discutiendo en Argentina y creo que ya no deberíamos hacerlo más.


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