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>> DIA DEL SEGURO

De izq. a der.: Claudio Moroni, Superintendente de Seguros de la Nación; Roberto Sollitto, Presidente de la AACS; Alberto Fernández, Jefe de Gabinete de Ministros; y Rodolfo D'Onofrio, Prosecretario de la AACS “El Seguro fue un Sector muy Golpeado, pero Supo Sobreponerse”



La Asociación Argentina de Compañías de Seguros (AACS) celebró el día del seguro con su tradicional cocktail, realizado en el Alvear Palace Hotel, al que asistieron Alberto Fernández, Jefe de Gabinete de Ministros; Claudio Moroni, Superintendente de Seguros de la Nación y numerosas personalidades del quehacer asegurador. Durante la reunión hicieron uso de la palabra Roberto Sollitto, presidente de la AACS y Alberto Fernández.


Como todos los 21 de octubre de cada año, el sector asegurador renovó su homenaje a Manuel Belgrano, quien fuera el precursor de los principios que rigen la actividad aseguradora en nuestro país.
Además, en el marco de este evento, la AACS conmemoró su 109° aniversario.
En esta oportunidad la reunión despertó gran interés ante la anunciada presencia del Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, bien conocido en este mercado y conocedor del sector asegurador, después de haber estado al frente de la Superintendencia de Seguros de la Nación entre los años 1989 y 1995.
Ante la presencia de aseguradores, dirigentes empresarios, cámaras, legisladores, diplomáticos y autoridades, el presidente de la AACS, Roberto Sollitto, en su mensaje expresó la satisfacción de haber asistido a la renovación de un nuevo período constitucional, el 25 de mayo pasado, y reclamó, ante la presencia de las autoridades del gobierno, un país “normal, serio, previsible, con posibilidades de empleo y desarrollo, donde no existan argentinos que vivan bajo la línea de pobreza”.
Calificada de “preocupante”, la inseguridad es uno de los temas donde debe ponerse especial atención. Tanto la jurídica como la de las personas, señaló Sollitto.
Respecto de la justicia recalcó que debe ser “independiente y funcionar eficientemente”, mientras que a los políticos les dejó el deber de trabajar por y para la gente. También expresó su preocupación por algunas decisiones de la Justicia tales como embargos preventivos y altas tasas de interés y apeló a sentencias previsibles.
En su discurso, el empresario expresó su conformidad con el pedido de no innovación en las inversiones del sector en préstamos garantizados y pesificados.
A su vez, destacó las decisiones del Gobierno Nacional en cuanto a incrementar el control policial, tanto en Capital Federal como en Provincia de Buenos Aires, que dio como resultado una merma de robos durante los meses de junio a agosto.
Pidió instrumentos financieros de inversión “adecuados, con mercados secundarios que garanticen su liquidez”. El desarrollo del sector asegurador debe contribuir, entre otras cosas, a “financiar la construcción de viviendas y obras de infraestructura”, subrayó.
Recalcó aspectos muy importantes que resumen de qué forma la actividad aseguradora tuvo que afrontar una crisis que parecía insuperable “sin subsidios ni transferencia de ingresos”, y un tema que no por viejo ha sido superado: la excesiva presión fiscal (impuesto a los débitos, IVA, etc.).
Quedó claro que la opinión generalizada es que la crisis de nuestro país no pudo arrastrar al sector asegurador. Durante el último año, según palabras de Sollitto, “reconstituimos el patrimonio de nuestros asegurados pagando más de 1.100.000 siniestros por importes superiores a los 5.700 millones de pesos. Como inversores institucionales administramos activos por más de 19.000 millones de pesos. Hemos continuado generando trabajo, en forma directa e indirecta, para más de 75.000 personas y contribuido pagando en impuestos nacionales, provinciales y municipales”, hasta llegar al incipiente aumento de la producción, al que estamos asistiendo.
Abordó además, con preocupación, un tema de la realidad coyuntural como es el proyecto de ley que pretende crear una caja de seguridad social para abogados de la Ciudad de Buenos Aires por su incidencia en el futuro costo de los juicios.
Finalmente, hizo referencia a la carga institucional heredada por el actual gobierno nacional: endeudamiento, fuerte recesión, elevada desocupación, el default de la deuda pública, el incumplimiento de los contratos, los efectos de la devaluación y la pesificación. Pero puntualizó que ven con optimismo algunas señales tales como “el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la consolidación de la Argentina en el ámbito político y económico regional y la recuperación económica”.
Por su parte, el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, hizo mención a sus años de trayectoria en los caminos del seguro, a su vinculación con el sector y a las dificultades que esta área de la economía tuvo con los diferentes gobiernos. Finalmente, explicó los obstáculos que está atravesando el actual gobierno, no sin antes traslucir su confianza en que los mismos serán superados.
A continuación, transcribimos el texto completo de ambos mensajes.

Discurso de Roberto Sollitto, presidente de la AACS

Con la presencia que valoramos y agradecemos de altos funcionarios nacionales inauguramos otro de los tradicionales actos conmemorativos del Día del Seguro, ya convertido en un hito secular de nuestra función empresaria, considerando los 109 años de nuestra Asociación.
En esta nueva celebración, no podemos dejar de mencionar nuestra satisfacción al contar con un nuevo gobierno elegido por el voto de los ciudadanos. Coincidimos con el Señor Presidente en la aspiración de que la Argentina sea un país normal y serio donde se restituyan todos los valores, terminando con la corrupción en todos los campos, donde se respeten las instituciones, donde los Poderes del Estado funcionen de acuerdo con la Constitución. Un país previsible que cumpla con los compromisos asumidos. Un país donde existan posibilidades de empleo y desarrollo para todos sus habitantes, donde no existan argentinos que vivan bajo la línea de pobreza, todo ello dentro de un marco de crecimiento que permita una política adecuada de distribución del ingreso. Es fundamental recuperar el desarrollo del capital humano a través de la educación y del trabajo productivo.
Compartimos los objetivos de lograr una justicia independiente y que funcione eficientemente. Coincidimos con la forma correcta de hacer política, donde quienes asumen esa alta responsabilidad trabajen para y por la gente. Los empresarios rescatamos también la forma correcta de hacer negocios.
Durante la crisis última podemos decir que la actividad aseguradora, en gran parte, cumplió con todos sus compromisos. Nuestro sector, a pesar del default y de las restricciones a la disponibilidad de nuestros depósitos, entre variados problemas, no ha recibido, a diferencia de otros sectores, subsidios ni transferencias de ingresos. En tiempos difíciles, no hemos sido mala noticia para la sociedad.
En el último año reconstituimos el patrimonio de nuestros asegurados pagando más de 1.100.000 siniestros por importes superiores a los 5.700 millones de pesos. Como inversores institucionales administramos activos por más de 19.000 millones de pesos. Por otra parte, hemos continuado generando trabajo, en forma directa e indirecta, para más de 75.000 personas y hemos contribuido pagando al Estado más de 1.800 millones de pesos en impuestos nacionales, provinciales y municipales.
Como ciudadanos, nos interesa la seguridad de manera muy especial, ya que es un aspecto que posibilita un entorno adecuado en el cual una sociedad puede desarrollarse humana y laboralmente. Por ello destacamos que, debido a la decisión del Gobierno Nacional, se verifica un mayor control policial en forma conjunta con otras fuerzas de seguridad de la Capital Federal y de la Provincia de Buenos Aires y se efectúan operativos permanentes contra los desarmaderos ilegales. Fruto de ello, el número de robos y muertes como consecuencia de dichos delitos se ha reducido significativamente a partir del mes de mayo del corriente año.
Esperamos que este accionar de las fuerzas policiales y de seguridad se constituya en una acción permanente. La Asociación Argentina de Compañías de Seguros mantiene identidad de objetivos y criterios con el Gobierno Nacional, con el cual ha colaborado y colaborará activamente para conseguir mejores niveles de indemnidad y retornar, en este campo, a la calidad de vida que hemos sabido disfrutar los argentinos y que ha sido motivo de distinción a nivel mundial.
Vemos con principal preocupación algunas decisiones de la Justicia, tales como embargos preventivos dictados en una etapa procesal que no justifican la celeridad de tal medida; las de tasas de interés, que lejos de buscar un resarcimiento equitativo del asegurado o tercero damnificado se constituyen en una carga punitoria excesiva e injusta y muy superior al rendimiento de cualquier inversión. Desde ya, no nos anima ninguna intención de interferir en la independencia de las decisiones del Poder Judicial. Sólo pretendemos peticionar previsibilidad en las sentencias dictadas y un adecuado y equitativo equilibrio entre el costo financiero de las mismas y el rendimiento de las inversiones, todo ello en el marco de nuestra realidad nacional.
Es ya conocido que las aseguradoras se constituyen en uno de los inversores institucionales más importantes en cualquier país del mundo, y que actúan permanentemente protegiendo el patrimonio de las personas, familias y empresas afectadas por diversos siniestros, permitiéndoles su desarrollo personal y su actividad laboral y económica en el entorno en el cual actúan.
En nuestro papel de inversores estamos en condiciones de contribuir al desarrollo económico, financiando, entre otras cosas, la construcción de viviendas y obras de infraestructura. Necesitamos, para ello, instrumentos financieros adecuados con mercados secundarios que garanticen su liquidez.
En este campo, es importante destacar que el sector participó en el canje de títulos públicos por préstamos garantizados. Las aseguradoras, en un claro acto de apoyo a la recuperación económica, aceptaron en su mayoría la pesificación, confiadas en que el nuevo esfuerzo realizado le permitiría al Gobierno el cumplimiento de sus obligaciones.
Esta operación ha significado para las empresas una reducción de los valores de las inversiones que componen sus activos. De esta forma, entendemos haber contribuido con el proceso de renegociación de la deuda pública y vemos con agrado que se han respetado las condiciones de estos préstamos tal cual lo solicitáramos en su oportunidad.
Por otra parte, es oportuno mencionar que la actividad aseguradora sigue expuesta a una presión fiscal elevada que limita su crecimiento y la descoloca frente a la existente en otros países del mundo. Hemos manifestado nuestra posición al respecto sin dejar de reconocer las dificultades económicas por las cuales atraviesa el país.
Por último, nos parece importante expresar que somos conscientes de la herencia recibida por el actual Gobierno Nacional, marcada por un elevado endeudamiento, una fuerte recesión, una elevada desocupación, el default de la deuda pública, el incumplimiento de los contratos, los efectos de la devaluación y pesificación. Somos conscientes también de que los argentinos hemos perdido calidad de vida a partir de un aumento inaceptable de la pobreza, donde debido al incremento de todo tipo de delitos, vivimos permanentemente preocupados por nuestra seguridad y la de nuestros seres queridos. Vivimos preocupados por la toma por la fuerza en forma impropia e ilegal de las vías públicas como medio de reclamo, accionar que afecta nuestra libertad y el derecho a transitar por las calles, el derecho a llegar a nuestros destinos sin la incertidumbre que generan estas constantes violaciones al libre tránsito.
No obstante ello, vemos con optimismo las señales de un cambio en la situación general del país. Vale la pena mencionar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la consolidación de la Argentina en el ámbito político y económico regional y la recuperación económica, situación que permitirá el desarrollo de la actividad aseguradora en el futuro.
No queremos terminar sin antes destacar la receptividad y permanente colaboración de las diversas áreas del Gobierno, en forma especial de la Superintendencia de Seguros de la Nación, siempre receptiva a las inquietudes y necesidades de nuestro rubro.
Muchas gracias.

Discurso de Alberto Fernández, Jefe de Gabinete de Ministros del Gobierno de la Nación

Buenas noches. Hoy para mí es difícil poder hablar mucho de seguros, porque es una suerte de volver a vivir. Están presentes amigos muy queridos y a veces la actividad pública nos vuelve muy ingratos y no nos da tiempo suficiente como para poder dedicarle el tiempo que estos amigos merecen. Pero la realidad es que aquí a uno le toca retroceder varios años en su vida personal y volver a encontrarse con tanta buena gente, esforzada en una actividad que, ninguna duda cabe, ha sufrido demasiados avatares, demasiados problemas y ha seguido luchando. Finalmente, tenemos todavía un mercado de seguros con una presencia importante de empresarios argentinos y de inversores extranjeros que han apostado a un país que ha tenido muchos problemas y al que, sin embargo, siguen apostando.
Tengo la íntima convicción de que la Argentina ha empezado a vivir en diciembre del año 2001 una etapa diferente. Suelo hablar con mis amigos y les digo si en verdad nosotros seremos conscientes de que la Argentina está viviendo un cambio social de enorme profundidad, de gran magnitud. Porque siempre me pregunto si los franceses allá por 1789 se habrán dado cuenta de que estaban viviendo una revolución. Que estaban poniendo fin a una era y empezando otra. Yo no quiero ser tan ampuloso, no creo que empiece otra era con el “cacerolazo”, pero sí estoy seguro de que la sociedad argentina aquel 19 y 20 de diciembre le puso fin a una época y empezó a marcar otra. Una época donde se terminó el reclamo constante a una política poco transparente, a una gestión pública muy desatenta de los intereses generales, mucho más atenta a intereses de sectores que a intereses del conjunto. La sociedad empezó a ponerle límites al poder y ponerle condiciones a la política.
Creo que ese movimiento social empieza a tener emergentes, empieza a denotar proyectos. Este Gobierno, en todo caso, es uno de esos proyectos emergentes de esa crisis -que es lo que nosotros siempre decimos. Si este movimiento social, si esa situación de crisis social está reclamando un tiempo distinto, nuestra obligación es escuchar lo que la gente dice, lo que la sociedad está planteando y actuar en consecuencia. ¿Y qué es lo que la sociedad está planteando? Algo tan simple como tratar de vivir en una sociedad con una economía más equilibrada, con una distribución más justa del ingreso, con una justicia que funcione, donde la impunidad no sea la regla y donde vivamos en un sistema con premios para los que se portan bien y castigos para los que infringen las normas. En estos primeros meses de gobierno nos hemos impuesto tratar de cumplir con cada uno de esos puntos, que no son postulados políticos de un Gobierno. Son, ni más ni menos, postulados de una sociedad que definitivamente un día le puso fin a una etapa y empezó a escribir otra historia.
Argentina está cambiando, no porque existe la voluntad de un Gobierno para que cambie, sino porque los argentinos decidieron cambiar el país. Y aquél que se oponga a la decisión colectiva de los argentinos va a tener muchos problemas para progresar. No porque haya un Gobierno que se lo impida: se lo va a impedir la sociedad. Creo que esto que el Gobierno intenta leer es algo que debe leer cada uno que ocupe un lugar dirigencial en la sociedad argentina. Acá hay muchos dirigentes de empresas, corporativos, vinculados al sector del trabajo. Pero todos y cada uno deben tener la capacidad y la actitud de leer lo que la gente está reclamando.
Yo les decía al comienzo que éste es un sector muy golpeado, sin ninguna duda, pero ha sabido sobreponerse. Siempre cuento que llegué a la Superintendencia un mes de julio de 1989, y ese mes la Argentina vivió el 210% de inflación. La verdad, me empezaron a invitar de todos los lugares del mundo para que contara cómo es posible administrar el seguro ante semejante proceso inflacionario, y un reasegurador que, además, entraba en un proceso de caída inevitable.
Nos sobrepusimos y logramos llevar adelante el mercado. Un mercado de 1.800 millones de dólares que teníamos en aquel momento, lo dejamos en el año ‘95, cuando me fui, con alrededor de 6.000 millones de dólares, con un crecimiento pujante, con mucha inversión externa, con términos de competencia muy severos en la comercialización, donde se fijaron bases para cambiar las cosas. Y finalmente esas bases son las que permiten hoy poder explicarle al mundo cómo se maneja el mercado de seguros después de un proceso inflacionario como el que se vivió, en una fase de desinversión como la que vivió Argentina a partir de enero del año 2002, y antes, cuando el “corralito” atrapó los ahorros de muchos, también de las empresas aseguradoras. Veo que nos seguimos sobreponiendo. Y allí es donde hago mérito de la capacidad de conducción de muchos dirigentes del seguro.
Cuando era Superintendente de Seguros, mi primer discurso fue muy mal recibido por todos ustedes porque llamé a superar la hipocresía del Tartufo. Me acuerdo que usé esa frase porque era incomprensible que todos se quejaran de que la tarifa era insuficiente pero siguieran cobrando tarifas bajas. Yo decía que lo mejor era terminar con esa hipocresía poniéndose de acuerdo sobre lo que querían hacer. Desde aquella instancia hasta el presente, tengo que admitir que los aseguradores han pasado muchos malos momentos. Y han sabido sobreponerse. Uno a las pruebas se remite, y debo reconocer que no se cuán hipócritas siguen siendo, pero lo que sí sé es que saben manejar y sobrellevar situaciones de crisis profunda. Y muchos siguen apostando a este país que le duele a los aseguradores y a los argentinos, porque es difícil. Ese es el dilema del argentino. Algún día terminaremos con eso y seremos capaces de construir otras lógicas que nos permitan vivir tranquilos y felices en la tierra en la que nacimos. Para eso, será necesario que todos alguna vez escuchemos lo que la gente dice, que todos desde el rol dirigencial que a cada uno le toca ocupar podamos atender las necesidades y las urgencias de la Argentina. Que alguna vez y para siempre seamos capaces de privilegiar al conjunto antes que privilegiar intereses sectoriales y de ese modo, cuando ganemos, vamos a ganar todos y no unos pocos. Porque cuando ganan unos pocos, se producen los 19 ó 20 de diciembre del año 2001. Y cuando todos ganan se vive en otro clima, es otra la prosperidad, la vocación, la decisión del que invierte, y es otra también la vocación de quien gobierna.
La coyuntura me ha llevado, desde 1989 al 2003, de la Superintendencia de Seguros a la Jefatura de Gabinete de Ministros. Quiero que sepan que sigo hoy teniendo exactamente los mismos ideales que en el año 1989. Porque sigo creyendo que en la Argentina siguen faltando las mismas cosas que faltaban entonces, y algunas cosas han empeorado. En aquellos días no teníamos el 50% de pobres, esta triste realidad que dice que uno de cada dos argentinos vive en situación de pobreza. Las conductas éticas siguen siendo las mismas y lo que ahora sí tengo es un poquito más de poder para que nosotros eso lo convirtamos en hechos.
Les traigo aquí hoy el saludo del Presidente Kirchner que, créanme, es un Presidente que dignifica la Argentina. Yo siempre les digo a mis amigos que estoy hecho, porque lo único que quería era que la Argentina tuviera un Presidente como Kirchner, que es un hombre con reglas éticas y con convicciones que la política argentina no nos ha dado. Ahora lo tenemos. Y la verdad es que todos los que colaboramos con él tenemos las mismas convicciones, las mismas firmezas, las mismas seguridades y el mismo compromiso que siempre hemos tenido desde el momento cero en que lo acompañamos. En mi caso se remonta a aquel año ‘89, cuando les decía a ustedes que terminemos con la hipocresía del Tartufo y hagamos otra Argentina. Es lo mismo que les digo hoy. Créanme que ahora las condiciones son mejores.
Les agradezco haberme esperado y les dejo un gran abrazo a todos.


Alberto Fernández

 
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