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¿Los Teléfonos Celulares son Dañinos para la Salud Humana?



Domingo M. López Saavedra, del Estudio López Saavedra, Armando, Esnaola & Vidal Raffo, analiza la problemática de los campos magnéticos y sus consecuencias sobre la vida humana, sugiriendo seguir con cautela su evolución y aseguramiento, para lo que recomienda la utilización de coberturas en base “reclamos”.


I - El Magnetismo

El magnetismo, como tal, existe desde la creación del universo, aun antes que existiera la vida en la tierra, pero fue recién alrededor del VI a.C. que alguien descubrió -cuenta la leyenda que fue un pastor griego- que en cierta zona de Asia Menor, cerca de una ciudad llamada Magnesia, existía un mineral de características particulares que atraía al hierro, al que se lo denominó entonces “magnesia” y al fenómeno que producía, “magnetismo”.
Ya Platón se refirió a esta revelación -que fue también estudiada en su momento por Tales de Mileto- y con el tiempo se descubrió que si un fragmento de hierro se frotaba con el mineral magnético -que en realidad era un imán- éste quedaba magnetizado, es decir imantado. A partir de allí, la curiosidad y el empeño del hombre lo llevó a descubrir que si una aguja magnética giraba libremente sobre un eje, siempre se alineaba en dirección norte-sur. La tradición dice que los chinos fueron los primeros en advertir tal fenómeno -allá por el siglo II d.C.-, lo que luego fue transmitido a los árabes y tal vez algunos cruzados lo aprendieron de éstos para, finalmente, llevar tal conocimiento a Europa.
En 1180, un sabio inglés llamado Alexander Neckam fue el primer europeo que hizo una referencia de contenido científico a esa capacidad del magnetismo para señalar la dirección norte-sur y con el tiempo, la aguja magnética colocada sobre una tarjeta conteniendo los puntos cardinales dio lugar a la brújula, con las consecuencias que tal descubrimiento tuvo para el desarrollo de la navegación y del comercio mundial.
Obviamente, este tema del magnetismo es de carácter eminentemente técnico y supera los rudimentarios conocimientos que sobre la materia puede tener un abogado medio, pero a riesgo de pecar de audaz, trataré de dar una idea básica del tema que permita introducirnos -al menos preliminarmente- en el mismo.

II - Los Campos Electromagnéticos

Los imanes crean campos magnéticos naturales porque provienen de la naturaleza y no de la obra del hombre, como también lo pueden crear los relámpagos con alcances de intensidad y fugacidad suficientes -por otra parte, la tierra es, en definitiva, un gran imán que da sustento a la Ley de Gravedad. Las consecuencias de la diferencia de voltaje entre dos sitios puede a su vez producir un campo magnético -también natural- como por ejemplo sucede entre la tierra y las nubes durante una tormenta con rayos y relámpagos.
La asociación de un campo magnético con uno eléctrico da lugar a los llamados “campos electromagnéticos” -electrical magnetic field (EMF).
Como vimos, hay fuentes naturales de campos electromagnéticos, como por ejemplo los que resultan de las tormentas eléctricas o de la propia tierra y que provocan la orientación de las agujas del compás y que incluso sirven a las aves y los peces para orientarse. Pero hay también campos electromagnéticos no naturales, que son los creados por el hombre, como el caso de los rayos X o los que fluyen de la red eléctrica doméstica, de una pantalla de TV, de los hornos a microondas, de los teléfonos celulares, etc.
Lo cierto es que, hoy por hoy, estamos rodeados de campos electro-magnéticos que, aunque no los veamos o no los sintamos, existen. Incluso el propio cuerpo humano produce corrientes eléctricas debido a las reacciones químicas que se generan en el organismo. Así, los nervios transmiten impulsos eléctricos y hasta el propio corazón tiene actividad de este tipo, la que se exterioriza, por ejemplo, cuando nos practican un electrocardiograma.

III - Los Campos Electromagnéticos y su Influencia sobre la Salud Humana

Desde hace ya unos años atrás, los científicos del mundo se comenzaron a preguntar si estos campos electromagnéticos no podrían ser dañinos para el ser humano y si no habría alguna relación de causa-efecto entre ellos y ciertas enfermedades, como por ejemplo el cáncer, la leucemia, las cataratas, o los abortos, las malformaciones congénitas, etc.
En los últimos años se han registrado diversos juicios en distintas jurisdicciones en los que los actores reclamaban daños y perjuicios provocados supuestamente por la acción de los campos electromagnéticos.
Conozco la existencia de reclamaciones en Suecia vinculadas con presuntas afecciones mentales sufridas por personas que vivían en las proximidades de cables de alta tensión, aunque lamentablemente desconozco el resultado final de las mismas.
También sé de reclamos en los Países Bajos formulados por granjeros, que alegaban que la proximidad de cables eléctricos a sus establos provocaba una disminución en la producción de leche de sus vacas; o de uno en Inglaterra que dio lugar a que se cambiara la ubicación de un mástil de gran altura para la telefonía celular, frente al riesgo eventual de efectos nocivos para la salud de los vecinos.
Ha habido reclamos también de este tipo en Grecia y Hungría, pero hasta donde yo conozco, no prosperaron. Lo mismo ocurrió en Italia, con motivo de reclamos en los que se solicitaba la remoción de líneas de alta tensión. Sus tribunales los rechazaron sobre la base de que se habían cumplido con los estándares de seguridad y no se había probado una efectiva relación causal entre la acción de los campos electromagnéticos y los posibles daños a la salud humana.

IV - Los Teléfonos Celulares como Posible Fuente de Daños a los Usuarios

Uno de los elementos productores decampos electromagnéticos que está actualmente en la picota como posible causante de daños al usuario son los teléfonos celulares.
Vodafone, probablemente el mayor operador mundial de telefonía celular, recientemente ha debido reconocer a sus accionistas, en su informe anual, que tenía varias demandas en EE.UU. en las que se alegaba que el uso de los celulares provocaba cáncer cerebral.
Lo cierto es que, en ese país, hace ya más de 10 años que se han venido iniciando juicios contra la industria de la telefonía móvil, alegando que los equipos provocaban, entre otras cosas, cáncer cerebral. Sin embargo, aparentemente ninguno de los operadores de telefonía móvil o los fabricantes de los equipos ha perdido un solo caso.
En Inglaterra se han llevado a cabo exhaustivos estudios sobre este tema y uno de ellos, dirigido por Sir William Stewart y publicado en 2001, ha llegado a la conclusión de que, hoy por hoy, no hay evidencias concretas desde el punto de vista científico que permitan aseverar que el uso de los teléfonos celulares representen un riesgo cierto para el usuario o que demuestren un aumento de riesgo de cáncer cerebral por el uso de los mismos. Con todo, se ha recomendado en ese país la conveniencia de realizar más investigaciones sobre el tema y en enero de este año se puso en marcha un programa de investigación complementario, solventado por el gobierno inglés y la industria de la telefonía móvil, con un costo de 7,4 millones de libras esterlinas.
Por otra parte, los últimos estudios llevados a cabo en Finlandia por un período de dos años, sugieren que las ondas electromagnéticas provenientes de los teléfonos celulares pueden afectar la fisiología del cerebro, ya que en pruebas de laboratorio se pudo determinar que células humanas crecían anormalmente al ser sometidas a ellas.
Estas conclusiones han sido refutadas por otros científicos para quienes estos estudios finlandeses no son suficientes para demostrar la inseguridad de la telefonía celular, alegando que se trató de un análisis que puede haber identificado un cambio fisiológico “in vitro”, pero que ello de por sí no significa una prueba adversa de efectos dañinos a la salud. La que está involucrada seriamente en este problema es la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha realizado profundos estudios sobre el tema, cuyas conclusiones pueden ser consultadas en su página web: http://www.who.int/peh-emf/es
Si tuviera que sintetizar las conclusiones de la OMS sobre el tema de la telefonía celular -y con las limitaciones propias de quien no es un profesional de la ciencia médica, sino un simple analista jurídico de sus conclusiones- podría decir lo siguiente:
• Las torres de telefonía móvil apenas aumentan el nivel de exposición que experimentamos en los lugares de acceso público, y sus efectos son similares o inferiores a los de las estaciones de radio o TV.
• Sin embargo, el usuario de un teléfono móvil está expuesto a campos de radiofrecuencia mucho más intensos que los del entorno general y como el mismo se utiliza a muy poca distancia de la cabeza del usuario, se ha debido estudiar la distribución de la energía que ella absorbe.
• En tal sentido, mediante complejas muestras y mediciones computarizadas basadas en modelos de cabezas humanas, se ha calculado que, al parecer, la energía absorbida procedente de un teléfono móvil no supera los límites actualmente recomendados.
• Se han analizado también los llamados “efectos no térmicos”, causados por la exposición a frecuencias de teléfonos móviles y la posibilidad de que se pudieran producir efectos sutiles sobre las células que podrían determinar el desarrollo del cáncer. Sin embargo, según el conjunto de los datos disponibles hasta la fecha, no parece que su uso produzca ningún efecto perjudicial sobre la salud de las personas.
• La falta de una vinculación entre la exposición a radiofrecuencias y la tasa global de cáncer, sugiere que no es probable que tales radiaciones tengan una influencia causal fuerte sobre esa enfermedad.
Entre los elementos que figuran en los trabajos de la OMS se cita el fallo de un juez federal de los Estados Unidos, de septiembre de 2002, en el que se señaló que los demandantes -en uno de los mayores litigios sobre telefonía móvil y tumores cerebrales- “no habían presentado evidencia científica suficientemente fiable y relevante que respalde una relación causal general o específica” - Christopher Newman vs. Motorola, Inc, Baltimore, U. S. District Court for the District of Maryland, 2002; la sentencia completa puede verse en la siguiente página web: http://www.mdd.uscourts.gov/Opinions152/Opinions/newman0902.pdf

V - Pensamientos Finales sobre el Tema

¿Está concluido el tema de que los campos electromagnéticos no son dañinos para la salud? ¿Puede dormir tranquila la industria de la telefonía móvil pensando que en el futuro no tendrá que enfrentar una oleada de juicios que se conviertan en “la asbestosis del tercer milenio”? ¿Pueden los aseguradores y reaseguradores de responsabilidad civil de productos vinculados con la producción de artefactos creadores de campos electromagnéticos cerrar sus cuentas y cancelar eventuales reservas pensando que nada va a pasar en el futuro?
Yo preferiría ser más cauto y prudente y pensar que tal vez a la fecha, con el desarrollo y alcance actual de la ciencia, se puede pensar que por el momento y desde el actual punto de vista epidemiológico, no habría una relación causa-efecto debidamente probada entre los campos electromagnéticos y enfermedades tales como el cáncer, la leucemia, las malformaciones congénitas, las cataratas, etc.
Pero creo también que estas conclusiones pueden sufrir cambios en el futuro, cuando nuevas técnicas, experimentos, estadísticas más precisas o el natural desarrollo de la ciencia, permitan llegar a conclusiones distintas a las que parecen ser las más calificadas y autorizadas en la actualidad.
No hay que olvidarse que en EE.UU., en la década del ‘80, durante el auge de la industria del juicio por “asbestosis”, más de 220 aseguradoras de ese país terminaron en la insolvencia a causa de insuficiencia de reservas para atender los reclamos vinculados a pólizas de responsabilidad civil de base “ocurrencia”, con las consecuencias para asegurados y reclamantes que son de imaginar.
Dentro de esa idea de prudencia y cautela, me parece que los mercados de seguros y reaseguros locales e internacionales deberían seguir con atención el desarrollo de este tema, especialmente el resultado de las investigaciones científicas que se vayan llevando a cabo y de la jurisprudencia que resulte de los reclamos que, sin duda, seguirán siendo formulados en diversas jurisdicciones, con distintos argumentos y fundamentos. Y por supuesto, cubrir siempre estos riesgos sobre base “reclamos”, como única forma de constituir reservas adecuadas para eventuales demandas futuras.

 
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