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Martín Diego Pirota, Abogado El Dolo y la Culpa Grave como Causales de Exclusión de Cobertura en el Seguro de Responsabilidad Civil



El presente artículo, de Martín Diego Pirota , abogado especialista en Derecho de Daños (Universidad de Belgrano, Argentina, y Universidad de Salamanca, España), pretende exponer y compartir con los lectores de “ Mercado Asegurador”, de manera breve, su visión acerca del dolo y la culpa grave desde la óptica particular del derecho de seguros, a raíz del análisis de un caso concreto que llegó a su estudio.


Después de haber analizado la doctrina y jurisprudencia autorizada y actualizada en la materia, se desprende que los requisitos que necesariamente que deben darse para que el dolo y la culpa grave sean causales de exclusión de cobertura por parte del asegurador en el seguro contra la responsabilidad civil (arts. 109 a 120 de la Ley de Seguros Nº 17.418/68), con especial referencia al seguro obligatorio de responsabilidad civil automotor (art. 68 de la Ley Nacional de Tránsito Nº 24.449/95), son los siguientes:
1. Carácter personal de la exclusión: “para que el acontecimiento siniestral quede fuera de la cobertura asegurativa, el dolo o la culpa grave debe ser personal o propio del asegurado, tomador o beneficiario, según el caso, no siendo invocable la del conductor del rodado, la de sus empleados, ni la de sus parientes, por quienes resulta civilmente responsable” . Esto se basa en lo dispuesto por el art. 158 de la ley de seguros , de acuerdo al cual ciertas disposiciones, por su carácter relativamente imperativo, sólo pueden ser modificadas a favor del asegurado.
Ambas conductas ilícitas constituyen una delimitación subjetiva del riesgo (y por tal referida sólo al asegurado), por cuanto se trata de situaciones que se encuentran colocadas ab initio por la ley de seguros (arts. 70 y 114 ) fuera de la cobertura asegurativa .
Consideramos que éste es el requisito que debe darse prima facie, aunque quizás, en un determinado caso concreto y analizando las demás probanzas incorporadas a la causa, no sea excluyente.
A propósito ha dicho la jurisprudencia más importante e influyente del país que “la culpa grave de terceros, aún cuando ellos fueren dependientes y familiares, no elimina la cobertura. Se considera que el asegurado busca también ampararse de situaciones como esas, en las que su actuación personal ha resultado ajena a la causación del hecho. No rigen aquí ni la representación (pues no existe representación en las situaciones que impliquen ilícitos) ni las responsabilidades reflejas (pues no es éste un supuesto que genere responsabilidades, ante la falta de alteridad dañosa de la acción alcanzada por la exclusión)” (Voto del Dr. Negri) . “No se dan razones jurídicas ni morales que justifiquen la ‘liberación’ o el ‘no seguro’ (sea cual fuere la figura en la que se encuadra el caso). En consecuencia, responde la compañía aseguradora por la culpa grave del conductor, hijo del tomador del seguro” (Voto de la Dra. Aída Kemelmajer de Carlucci) .
En los dos fallos citados en el párrafo que antecede en el que se discutió la circunstancia cuando el vehículo asegurado protagonista del accidente es conducido por una persona distinta del asegurado (por un dependiente en el primer caso y por el hijo del asegurado en el segundo) y la aseguradora oponía la exclusión de cobertura por “culpa grave del conductor” (conf. art. 29 de las condiciones generales de la póliza de seguros), se ha concluido en que “la cláusula contractual precitada, por la que se amplía el ‘no seguro’ referido a la culpa grave del asegurado a la persona del conductor, es materialmente ilícita (art. 1.066 del Código Civil) por contradecir una norma seminecesaria (art. 114 de la ley de seguros) y, por tanto, abusiva y nula, en tanto desnaturaliza el vínculo obligacional (art. 37 inc. a, Ley de Defensa del Consumidor) al suprimir (vía predisposición) una obligación del asegurador de fuente normativa” . Y ello en razón de que las partes sustanciales del contrato de seguro son el asegurador y el asegurado o tomador, siendo el conductor tercero ajeno al contrato de seguro.
Por último, se ha dicho que la solución legal de que sólo el dolo o culpa grave personal o propio del asegurado excluye la cobertura asegurativa, aparece justificada desde un punto de vista dikelógico, pues permite eventualmente que el tomador asegurado mantenga intacta la cobertura en aquellos casos en que no ha incurrido en la conducta prevista en el art. 114 y, simultáneamente, que la compañía quede liberada de su obligación respecto de quien provocó el siniestro por su culpa grave (el conductor asegurado). De este modo, se respetan en su totalidad las disposiciones de la Ley N° 17.418 (Voto del Dr. Negri) .
Con respecto a los conceptos de dolo y culpa grave en materia de seguros, el primero no requiere mayor explicación ya que se da cuando el asegurado actúa con intención manifiesta de provocar el siniestro (art. 1.072 del Código Civil ); mientras que en cuanto al segundo, no basta para excluir la cobertura la imputación de simples culpas o meras negligencias del asegurado (arts. 512 y 1.109 del Código Civil), ya que éstas están amparadas por la cobertura del seguro. Tiene que tratarse de una conducta extrema , grosera , gravísima , sumamente acentuada del asegurado, que constituya una infracción a la “debida diligencia” o a los “deberes objetivos de cuidado” , lindante con el dolo. “Una manifiesta despreocupación en la que no hubiera incurrido el asegurado de no existir el seguro” , es decir, que el asegurado provoca el siniestro en forma conciente a sabiendas de que está asegurado, pretendiendo de esa manera que el asegurador lo indemnice a él (por ejemplo caso de auto-robo del vehículo) o bien al tercero damnificado (caso de accidente de tránsito con daños a bienes o integridad física de terceros).
Algunos autores entienden que el concepto de culpa grave de la ley de seguros se identifica con la noción de “culpa con representación”, es decir, cuando el asegurado se representa el riesgo (posibilidad de ocurrencia del resultado dañoso) aunque sin quererlo, pero le es indiferente y actúa igualmente. En otras palabras, el asegurado lleva adelante la acción (quiere la acción), pero sin querer causar directamente el resultado (siniestro).
Coincidimos con Stiglitz quien considera que “la noción de culpa grave ocupa, con autonomía conceptual, la franja central cuyos linderos lo constituyen, de un lado, la culpa leve, tal como es definida por el art. 512, Código Civil, y, del otro, el dolo, previsto por el art. 1.072, Código Civil” . Agregando que “la distinción no depende de la existencia de mayor o menor número de infracciones cometidas, sino por su intensidad, al ser la culpa grave un concepto relativo (apreciable) y cualitativo, más que cuantitativo. La diferencia está dada entre la mayor o menor gravedad de la situación creada” .
Por ejemplo, señala Barbato que los tribunales han sentenciado que “en materia de seguro de automotores, se ha decidido que configura culpa grave el conducir en estado de ebriedad, así como también el circular a velocidad tan elevada, como un caso en el que el conductor, al intentar pasar a otro rodado que lo precedía, en una curva, la fuerza centrífuga lo desplazó a la mano contraria, perdiendo el control y yendo a chocar de frente a otro vehículo que venía en sentido contrario” .
Sin embargo, con respecto al tema de la velocidad excesiva, debe tenerse en cuenta que -como lo tiene dicho reiteradamente la jurisprudencia - para que sea considerada causa adecuada de un accidente debe haber sido determinante o contribuido en la producción del mismo generando la pérdida del dominio por parte del conductor (asegurado), ya que si no se verifica esto último, el sólo exceso de velocidad por sobre los límites legales impuestos para la vía de comunicación en cuestión -amén de constituir una falta administrativa-, no es suficiente para imputar responsabilidad al conductor en el accidente ocurrido. Este mismo razonamiento debe trasladarse al ámbito del seguro a los fines de determinar si la velocidad excesiva del conductor (asegurado) llega a configurar “ culpa grave” y de esa forma excluir la cobertura.
“Así por ejemplo, en el seguro de automotores, han dicho nuestros jueces que no configura ‘culpa grave’ el haber cruzado el semáforo con luz roja , el conducir a velocidad superior a la permitida, o a velocidad que resulta imprudente, o excesiva; tampoco el circular a 60 km/h., en una avenida, no aminorando en los cruces, ni tomar por la izquierda en lugar de la derecha, pues son infracciones corrientes, que no cabe calificar de graves, ni el circular de contramano resulta por sí solo configurativo de culpa grave que libere al asegurador” , ni la imputación de alcoholemia si, por su grado, no surge con evidencia que ella ha sido motivación total o parcial del accidente de tránsito en nivel de culpa grave .
2. Causa del siniestro: el dolo o la culpa grave del asegurado o tomador, para excluir la cobertura, debe haber sido la causa del siniestro respecto del cual se pretende invocarla. Esto significa que el dolo o culpa grave del asegurado o tomador, para excluir la cobertura, tiene que ser anterior o concomitante con la ocurrencia del siniestro. Recordemos que el asegurador sólo puede oponer al tercero damnificado las defensas nacidas con anterioridad al siniestro, pero no las posteriores al hecho siniestral (conf. art. 118 párrafo tercero de la ley de seguros).
Esto tiene que ver con la causalidad adecuada (art. 906 del Código Civil) que debe existir entre la conducta culposa (grave) o dolosa del asegurado y el daño ocasionado, por lo que si no se verifica esta conexión causal, no funciona la exclusión de cobertura en el caso concreto.
Por nuestra parte, entendemos que, así como hay muchos casos en donde la sentencia resuelve que el accidente fue causado por ambas partes, teniendo en cuenta la incidencia causal de cada una de ellas en el resultado final (culpa concurrente) , podría ocurrir que en un caso puntual, el juez determine que el dolo o culpa grave del asegurado no fue la causa exclusiva y excluyente que determinó el siniestro, sino que contribuyó concausalmente (concausa) a la ocurrencia del mismo junto con la conducta u omisión o el riesgo o vicio de la cosa guiada por el tercero.
3. Interpretación restrictiva: la existencia o configuración de la culpa grave y el dolo es de interpretación restrictiva, y tal razonamiento debe realizarse prudentemente, constituyendo una cuestión de hecho y prueba. De más está decir que el dolo o la culpa grave debe ser probado por la aseguradora que la invoca.
A propósito, ha reiterado la jurisprudencia que en caso de duda sobre el alcance de la cobertura de la póliza de seguros hay que estar por la subsistencia de la obligación del asegurador . Este postulado puede ensamblarse, en caso de considerarse el contrato de seguro (contrato de adhesión a condiciones generales) como una típica relación de consumo entre el asegurador y el asegurado, con el principio in dubio pro consumidor, contenido en los arts. 3 in fine y 37 referido a las cláusulas abusivas de la Ley de Defensa del Consumidor y del Usuario Nº 24.240/93 .
Al respecto, dijo la jurisprudencia que “al girar a la izquierda, en una avenida de doble mano y en una compleja intersección, cuyo tránsito estaba dirigido por semáforos, el responsable del hecho realizó, con evidente desaprensión, una maniobra prohibida por las normas de tránsito, pero este obrar, si bien resulta reprochable, no autoriza a la aseguradora a oponer la defensa de culpa grave del asegurado, por cuanto la finalidad del seguro de responsabilidad civil no se agota en el interés particular de los contratantes, sino que tiende, asimismo, a la protección de los derechos de los damnificados, lo que impone una interpretación restrictiva de las defensas oponibles a ellos con base en la ausencia de cobertura” .
4. Oponibilidad al tercero damnificado en el seguro de la responsabilidad civil: en esta cuestión, según Barbato (quien cita fallos en los dos sentidos) la jurisprudencia se encuentra dividida, habiéndose sostenido tanto que dichas causales de exclusión de cobertura resultan oponibles al tercero, como que no lo son .
La doctrina y jurisprudencia mayoritaria -coincidente con la política legislativa del legislador adoptada en la ley de seguros- se inclina decididamente por la solución de que el dolo o la culpa grave personal del asegurado o tomador en la producción del siniestro es oponible al tercero damnificado, por ser una defensa nacida con anterioridad o concomitante a la ocurrencia del siniestro .
Sin embargo, existe algún que otro pronunciamiento aislado que ha sostenido que la “cláusula de exoneración” funciona sólo entre los contratantes del seguro . También se ha argumentado que “a esta altura de los tiempos parece imposible desconocer que la función de este seguro (se refiere al seguro de responsabilidad civil), al menos la real y principal, es proteger al tercero víctima o indefenso ante el hecho del asegurado. Justamente y como consecuencia de esta orientación es la decidida tendencia doctrinaria a defender el establecimiento del seguro obligatorio de la responsabilidad por el uso de automotores ante el constante aumento de las víctimas” . “La inoponibilidad de la defensa eximitoria contra el tercero víctima que vengo propugnando, no obsta para que, oportunamente, la compañía aseguradora pueda accionar contra el asegurado por repetición de lo que ha debido abonar como consecuencia del hecho ilícito cometido por éste” (Voto del Dr. Carlos Polak) .
El criterio sustentado por los decisorios indicados en el parágrafo que antecede es el criterio que rige actualmente en España en el régimen de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor (Ley 30/95), la que establece un sistema de responsabilidad civil con tablas o baremos vinculantes para el Juez pero con índices de corrección variables para casos concretos, y además, no excluye la cobertura asegurativa cuando el siniestro es causado por culpa grave (no está incluido el dolo) del asegurado, dándole luego la posibilidad al asegurador de repetir contra el asegurado lo que abonó en concepto de indemnización al tercero damnificado. Este es el sistema al que tienden los países del primer mundo, que por alcanzar su población un cierto grado de maduración sociocultural, les permite incluir a la culpa grave del asegurado (también ampliado al conductor) dentro de la cobertura que debe brindar el asegurador.
Es de destacar que en España, antes de la entrada en vigencia de la ley citada, regía el mismo sistema que tenemos nosotros ahora, es decir, que el dolo o la culpa grave del asegurado, era causal de exclusión de la cobertura y oponible al tercero damnificado.

Reflexión Final y Estado Actual de la Cuestión en el Derecho Argentino Vigente

El debate se centra sin duda en el requisito Nº 4 en lo que hace a la oponibilidad del dolo o culpa grave del asegurado o tomador al tercero damnificado en el seguro contra la responsabilidad civil.
Es que por un lado están las disposiciones de los arts. 70 y 114 de la ley de seguros que permiten al asegurador, por razones de política y técnica legislativa (y cuestiones que se detallan en la exposición de motivos de la citada ley como ser: las dificultades de probar el dolo, la deficiente organización policial en el interior del país, las dificultades prácticas de una intervención rápida del asegurador para investigar las circunstancias en que se produjo el hecho, las reiteradas situaciones de fraude en el seguro) excluir o declinar la cobertura asegurativa cuando el siniestro fue causado por dolo o culpa grave personal del asegurado o tomador; mientras que por el otro, está el derecho del tercero damnificado que es ajeno al contrato de seguro (relación asegurado-asegurador) a ser indemnizado. A priori parece injusto que a la víctima le sean oponibles el dolo o culpa grave del asegurado o tomador, quedando liberado el asegurador, debiendo el tercero damnificado perseguir el cobro de su indemnización contra el asegurado o tomador del seguro.
El tema parece centrarse más en una cuestión filosófico-social que técnica, aunque a propósito, la propia letra del art. 109 de la Ley N° 17.418, referido al seguro de responsabilidad civil, dice que “el asegurador se obliga a mantener indemne al asegurado”, no al tercero damnificado.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que no son directamente aplicable en materia de seguros los modernos principios protectorios del derecho de daños que tanto la doctrina como la jurisprudencia reconocen a la víctima (conf. interpretación ampliada del art. 1.113 del Código Civil generada a partir de la reforma de la Ley N° 17.711/68), ya que acá tenemos un régimen normativo específico (Ley N° 17.418) que en el caso concreto debe aplicarse primariamente, sin perjuicio de la aplicación supletoria y complementaria de los códigos (civil, comercial, penal, etc.) en las situaciones no reglamentadas por la ley de seguros.
En definitiva, y por las razones apuntadas, en nuestro país el dolo o culpa grave personal del asegurado o tomador, si se dan los requisitos enumerados, por ser causales de exclusión de cobertura contenidas en la normativa de seguros, liberan al asegurador de su obligación de mantener indemne al asegurado, siendo directamente oponibles al tercero damnificado.
Si bien razones de justicia distributiva del daño abonarían una reforma legislativa en la cuestión analizada, parece ser que la sociedad argentina no ha mostrado una evolución sociocultural como para suprimir las dificultades e inconvenientes que en referencia al texto del art. 114 cita el legislador del año 1967 en la exposición de motivos de la ley de seguros. Mientras ello no suceda, deberemos estar a lo que nos dicta la legislación positiva en buena sintonía con la doctrina judicial dominante.

 
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