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Innovar para Asegurar lo Inasegurable - 4ª y Ultima Parte



La industria del seguro ha desarrollado una serie de herramientas y técnicas que amplían los límites de la asegurabilidad determinando los riesgos para conformar los criterios respectivos. En este aspecto se enfoca esta cuarta y última entrega del trabajo publicado por Sigma nº 4/2005, que continúa la que se publicó en nuestra edición de Agosto, Nº 318.


Transferencia de Riesgo para Incrementar la Capacidad Aseguradora

La capacidad del sector se define como los recursos financieros del mercado de seguros en relación con la magnitud de las posibles indemnizaciones. Estos recursos consisten en:
• capital y reservas en manos de aseguradores directos y reaseguradores,
• la capacidad de obtención de capital de estas compañías y
• una parte de los fondos proveniente de nuevos negocios.
Los reaseguros, la titulización, así como la protección y el respaldo del gobierno amplían el alcance de la cobertura de seguros disponible del sector.

Reaseguro
Los reaseguros, ya sean proporcionales o no proporcionales, permiten que el asegurador reduzca sus pérdidas probables medias y máximas. Transfiriendo riesgos a los reaseguradores los aseguradores directos pueden cubrir riesgos adicionales sin aumentar sus bases de capital. De esta forma, los reaseguros juegan un papel importante en la asegurabilidad de riesgos caracterizados por una mayor incertidumbre y cuantiosas indemnizaciones posibles.
El reaseguro es un negocio mundial que cubre riesgos de los aseguradores en todo el mundo. Los reaseguradores están mejor equipados que los aseguradores directos para asumir ciertos riesgos, ya que sus carteras de riesgo están diversificadas a nivel mundial.

Titulización de Riesgos de Seguros
La titulización de los riesgos de seguro consiste en la transformación de los riesgos de seguro de bonos que se venden a los inversores. La titulización, al igual que los reaseguros, proporciona una fuente adicional de capacidad para los aseguradores directos, ya que aumenta la cobertura disponible y la hace más asequible económicamente. Si bien la forma más directa para los aseguradores de obtener fondos en los mercados de capital es mediante la emisión de acciones, los accionistas se ven expuestos a los riesgos de toda la compañía; el rendimiento de las acciones depende de la gestión de la compañía de seguros, de los resultados de la inversión, de la calidad de las operaciones y de la exposición a toda clase de riesgos. Además, como el rendimiento de una acción en particular está positivamente correlacionado con el rendimiento general del mercado de valores, los inversores que poseen acciones de una compañía de seguros están expuestos a los riesgos generales del mercado de valores.
Por el contrario, los títulos vinculados al seguro (ILS) están principalmente expuestos a puros riesgos de seguro que han sido valorados por una o más agencias de calificación independientes. El inversor sigue afrontando riesgos asociados con las condiciones de suscripción del emisor, pero no los riesgos de las operaciones de la compañía de seguros (o reaseguros). Es más, la falta de correlación con el mercado general de valores hace que los títulos ILS sean más atractivos para algunos inversores.
El argumento básico a favor de la titulización de seguros reside en el gran volumen del mercado de valores de renta fija, especialmente los sectores de finanzas estructuradas, de títulos respaldados por activos y por hipotecas, cuyos volúmenes de emisión en años recientes han sobrepasado al de los bonos corporativos. Si, por ejemplo, los inversores en renta fija añadieran a sus carteras títulos vinculados al seguro, una catástrofe de U$S 80.000 millones -mayor que cualquier otra ocurrida hasta la fecha- apenas repercutiría en el rendimiento global de sus valores. Las fluctuaciones de esta magnitud son habituales en los mercados de valores.
El mercado ILS surgió como reacción a una serie de grandes catástrofes de la naturaleza ocurridas a comienzo de los años 90. A raíz del huracán Andrew y el terremoto de Northridge, la oferta de reaseguros se redujo considerablemente, lo que provocó una acusada suba de las tasas de las primas. Los participantes del sector comenzaron a desarrollar soluciones de seguros en el mercado de capitales para ayudar a asegurar contra los riesgos de daños provocados por catástrofes.
Desde su origen, el mercado de ILS ha emitido títulos por un valor aproximado de U$S 19.000 millones en todo el mundo. Los dos grandes segmentos del mercado son los bonos de catástrofes y los bonos de seguros de Vida. El primer producto del mercado de capitales de transacción no bursátil que aseguró contra siniestros catastróficos fue un bono de catástrofe de Hannover Re emitido en 1994 por valor de U$S 85 millones. Desde 1996, se han emitido más de U$S 10.000 millones de bonos Vida y U$S 10.000 millones de bonos de catástrofes. Al finalizar el año 2004, había más de U$S 12.000 millones de ILS en circulación.
Hasta fecha, muchos de los bonos de catástrofes han proporcionado cobertura de reaseguro a un segmento específico: los riesgos cuya probabilidad siniestral es muy baja, generalmente por debajo del uno por ciento. Los bonos vinculados a catástrofes han tenido un importante impacto en este campo, especialmente al frenar el alza de los precios en los segmentos superiores de los programas tradicionales de reaseguros de catástrofes.
Los bonos Vida han estado normalmente basados en el flujo de ingresos procedentes de primas de Vida o de productos de ahorro. En lugar de conservarse en una entidad legal encargada específicamente de los activos (special purpose vehicle o SPV), el capital obtenido suele transferirse al asegurador de Vida. En este sentido, los bonos de Vida tienen mucho en común con la titulización de los flujos de ingreso y los títulos respaldados por activos, como los respaldados por hipotecas. Como ocurre con otras técnicas de titularización, los acuerdos de “valor intrínseco” proporcionan ventajas a los inversores en títulos-valores de una aseguradora de Vida, lo que permite al asegurador conservar capital e incrementar el rendimiento de los fondos propios. Los bonos vida, al igual que los bonos catástrofes, pueden en última instancia hacer que haya más seguros disponibles y que resulten más asequibles.
La base de inversores de ILS se amplía de forma gradual. Inicialmente, las compañías de seguros y reaseguros eran los principales inversores en bonos de catástrofes. Hoy en día, según estimaciones de Swiss Re, los hedge funds, los fondos específicos para catástrofes y los administradores de capital adquieren casi la mitad de los bonos de catástrofes emitidos, mientras que los aseguradores y reaseguradores compran menos de 10%. La ampliación de la base de inversores sugiere un potencial de expansión, más allá de los bonos de catástrofes y de los de seguros de Vida de valor intrínseco, hacia otros riesgos difíciles de asegurar.

Participación del Gobierno

Muchos países tienen programas para garantizar la disponibilidad de seguros contra riesgos que el sector privado no puede cubrir íntegramente, como las catástrofes y los actos terroristas. Estos programas varían ampliamente en su estructura de financiación y en su modo de operar. Son complementarios con el seguro y el reaseguro privados mediante una repartición del riesgo y con mecanismos de financiación que involucran al gobierno y a otras entidades públicas.
Algunos programas de seguros de catástrofes requieren poca o ninguna participación administrativa o financiera del gobierno. Por ejemplo, como parte del programa de protección nacional contra catástrofes, la ley suiza obliga a los aseguradores a incluir cobertura para cierto tipo de ellas (excluyendo terremotos) en las pólizas de seguro para Incendios en Edificios. Un consorcio suizo contra riesgos naturales (“Elementarschaden-Pool”) fundado en 1953, contribuye también a paliar estos casos. En agosto de 2005, las inundaciones en Europa Central y del Este produjeron daños a la propiedad por más de CHF 1.300 millones (equivalen a U$S 1.041.000 millones) únicamente en Suiza. Gracias a la mancomunidad contra riesgos de la naturaleza, pudo evitarse la limitación de pagos proporcionales prevista por ley en caso de eventos que exceden los CHF 250 millones; los asegurados percibieron indemnizaciones por la totalidad de sus pérdidas.
En 1978, dieciocho compañías aseguradoras de inmuebles propiedad de los cantones crearon el “Consorcio Suizo contra Terremotos”, también para proporcionar cobertura contra estos. Parte de las primas de seguro de Inmuebles se depositan en este pool. Aunque hacerse miembro del pool es opcional, la mayoría de los aseguradores aportan contribuciones. El gobierno federal suizo no participa en este programa ni tiene exposición alguna asociada a su funcionamiento. Sin embargo, el consorcio ya está en condiciones de pagar hasta CHF 2.000 millones por siniestros ocasionados por un terremoto.
Otros programas incluyen elementos de evaluación tanto para la financiación previa como para la asistencia posterior a los sucesos. Por ejemplo, la California Earthquake Authority (CEA) fue establecida por una ley estatal para asegurar a los residentes de California contra siniestros causados por terremotos. Su creación fue concebida para aliviar la crisis de disponibilidad de seguros de Vivienda y de Terremotos por temor a un seísmo aun más dañino que el de Northridge de 1994, responsable de U$S 12.500 millones de indemnizaciones por daños asegurados. La CEA, que es en la actualidad la mayor aseguradora del mundo de Vivienda y Terremotos, no tiene acceso a recursos públicos. Sus fondos para pagar indemnizaciones provienen de las primas, las contribuciones procedentes de y las evaluaciones hechas a las aseguradoras miembros, fondos en préstamo, reaseguros y del rendimiento de las inversiones. Los asegurados están cubiertos contra pérdidas causadas por terremotos por un valor máximo equivalente a la capacidad de indemnización de la CEA. Si un terremoto ocasiona daños superiores a la capacidad de indemnización de la CEA, los asegurados víctimas del seísmo reciben la parte del pago prorrateado por sus pérdidas cubiertas.
Algunos programas ofrecen seguros contra Catástrofes o Terrorismo directamente a través del gobierno, excluyendo la participación del sector privado. El gobierno israelí financia y administra dos programas de seguros directos por siniestros ocasionados por atentados terroristas. Uno de ellos es el Fondo de Compensación e Impuestos a la propiedad, que cubre los seguros de Daños y RC; el segundo es la Ley para las Víctimas de Actos Enemigos, que proporciona seguros de Vida y de Salud. Ambos están financiados con ingresos fiscales específicos y generales.
Otros gobiernos han establecido programas para compartir los riesgos catastróficos con el sector privado mediante la oferta de reaseguros a aseguradores directos individuales o un consorcio creado por el sector. El programa UK’s Pool Reinsurance (Pool Re) es un ejemplo de estructura de reaseguro de riesgos compartidos entre el sector privado y el público. A raíz del aumento de los atentados del IRA en el Reino Unido, los seguros contra Riesgos de Terrorismo se hicieron prácticamente inaccesibles. Pool Re fue fundado en 1993 para posibilitar la disponibilidad constante de cobertura de seguros contra Daños y Pérdidas causados por Acciones Terroristas. Pool Re funciona como una compañía reaseguradora para sus miembros (voluntarios), mientras que el gobierno proporciona reaseguros a Pool Re. Hay otros países en los que existen colaboraciones entre el sector privado y el público para hacer frente a los riesgos de terrorismo.

¿Puede el Riesgo del Terrorismo Convertirse en Asegurable?

El devastador atentado al World Trade Center y al Pentágono forzó súbitamente a los aseguradores a abordar la delicada cuestión del terrorismo internacional. Dos ejemplos sirven para ilustrar los efectos del 11 de septiembre sobre los mercados de seguro: Una importante sociedad comercial estadounidense de negocios inmobiliarios se quejó sobre la imposibilidad para encontrar los suficientes seguros contra terrorismo para cubrir sus propiedades. Esta firma ya había suscrito con anterioridad una póliza a todo riesgo con una cobertura total de U$S 1.000 millones -incluido el riesgo de actos terroristas- que expiraba en octubre de 2001. Por aquel entonces, esta compañía sólo pudo encontrar un único asegurador que le ofreciese una póliza autónoma de seguro contra terrorismo por un máximo de U$S 25 millones de cobertura. Ese límite fue considerado insuficiente por la compañía, porque un daño menor a sus instalaciones podía sobrepasar fácilmente los U$S 25 millones en indemnizaciones. El propietario del aeropuerto principal de una ciudad del Medio Oeste de los Estados Unidos, así como de varios aeropuertos menores, informó que su prima de Responsabilidad Civil de Aviación se incrementó en un 280% en el año 2002, sin que la cobertura incluyera la guerra ni el terrorismo. Aunque el propietario necesitaba una cobertura de U$S 500 millones contra esos riesgos, sólo pudo obtener U$S 50 millones por una prima de U$S 1 millón.
El riesgo de terrorismo aún no puede ser considerado asegurable porque:
• Dado que los datos disponibles ofrecen pocas pistas de sus futuras probabilidades, los riesgos no pueden ser cuantificados adecuadamente.
• Las estimaciones de pérdidas para escenarios de terrorismo deben plantearse en condiciones de siniestro total, es decir, el peor de los casos. Tras el 11 de septiembre de 2001, muchos se dieron cuenta de que sus escenarios no incluían realmente “el peor de los casos”.
• Ya que los terroristas a menudo lanzan atentados coordinados en distintas localidades, los eventos de siniestros pueden estar claramente correlacionados.
• Un atentado terrorista puede afectar a diversos ramos de negocio.
• El alto potencial de siniestralidad de las acciones terroristas dificulta aún más la diversificación de daños.
Ante la ausencia de cobertura contra terrorismo, los particulares y las compañías tendrían que asumir la mayor parte de los costos de otro evento terrorista a gran escala.

Colaboración entre los Sectores Público y Privado para Cubrir Riesgos de Terrorismo
Uno de los principales objetivos de un terrorista consiste en desestabilizar una región o un país mediante atentados que interrumpen las actividades normales y aterrorizan a la población. Dado que los terroristas han de adaptar sus estrategias a sus recursos y sus conocimientos de blancos vulnerables, la naturaleza de los riesgos cambia con el tiempo. Esta característica del riesgo refleja una importante diferencia respecto a los riesgos de la naturaleza. Si se adoptan medidas preventivas, se pueden reducir los daños causados por un futuro terremoto a gran escala en Los Angeles, aunque no sea posible influir en la ocurrencia del terremoto en si. El riesgo de terrorismo, en cambio, variará dependiendo de dos estrategias complementarias para asumirlo. La primera consiste en las medidas que tome el gobierno para aumentar la seguridad y reducir la probabilidad de que se produzca un atentado terrorista. La segunda tiene que ver con las medidas de protección adoptadas por aquellos que se hallan bajo riesgo, lo cual puede tener efectos externos negativos para otros blancos potenciales: reforzar la seguridad de un posible objetivo puede, en algunos casos, aumentar la probabilidad de que otros objetivos sean atacados.

Los aseguradores y los gobiernos pueden ayudar a que el riesgo de terrorismo sea asegurable
Aseguradores y reaseguradores pueden limitar los riesgos de terrorismo de varias formas. En primer lugar, pueden controlar sus riesgos de terrorismo reduciendo su grado de exposición. La industria también está bien situada para promover el diálogo entre expertos y clientes sobre las formas adecuadas de reaccionar ante el terrorismo. Por último, al suscribir el riesgo, los aseguradores pueden insistir en la adopción de medidas mínimas de seguridad y enseñar a los clientes las buenas prácticas para proteger a las personas y los bienes ante la eventualidad de un atentado.
La intervención del gobierno también puede contribuir a superar dificultades que impiden la asegurabilidad. A la hora de afrontar siniestros extremos, el gobierno se encuentra en una posición más adecuada que los aseguradores privados -cuyos recursos son limitados- para actuar como asegurador de última instancia, gracias a su potestad impositiva. Además, los gobiernos pueden declarar obligatorio el seguro contra terrorismo, por ejemplo, estableciendo un recargo por actos de terrorismo en la prima de todas las pólizas de daños. Distribuir el riesgo en toda la sociedad produciría un gran incremento del pool de riesgos. La justificación económica de una intervención gubernamental de este tipo es que reducir los riesgos asociados con el terrorismo mundial para permitir el establecimiento de programas de seguros apropiados redundaría en el bien público. La seguridad, la estabilidad, el respeto de los derechos de propiedad privada y la ausencia de violencia y coerción forman parte de los fundamentos de cualquier sociedad.

Titulización de los riesgos de terrorismo
Debido al aumento de la incertidumbre generada a raíz del 11 de septiembre de 2001, los aseguradores se han mostrado reacios a suscribir coberturas de terrorismo. Una alternativa es titulizar los riesgos de terrorismo. Sin embargo, esta solución plantea importantes desafíos:
• Las simulaciones de riesgo para predecir la frecuencia y la magnitud de los atentados terroristas son difíciles de diseñar y no siempre pueden ser puestas a prueba.
• Los terroristas pueden planear sus atentados para remover los mercados o para sacar partido de sus fluctuaciones.
• La titulización solamente ofrece una solución parcial, ya que el mercado de bonos generalmente sólo acepta aquellos riesgos que los propios aseguradores han aceptado.
Hasta la fecha se han emitido dos tipos de bonos relacionados con el terrorismo. Ninguno de ellos es un bono específico para terrorismo en sí. Más bien, son bonos de catástrofes multieventos asociados con el riesgo de un atentado terrorista y con los riesgos de catástrofe natural o pandémica. Los primeros fueron una transacción de títulos respaldados por activos realizada en agosto de 2003. La FIFA, organización que agrupa a las asociaciones de fútbol de todo el mundo, creó este bono para proteger sus inversiones en la organización del Campeonato Mundial de Fútbol de Alemania 2006. El título, calificado con grado de inversión (A3) por Moody’s, cubría los eventos catastróficos naturales y terroristas que pudieran llevar a cancelar la celebración del Campeonato Mundial. El otro bono relacionado con el terrorismo es una titulización de los riesgos de muerte por catástrofe realizada en diciembre del 2003. Esta fue la primera transacción para transferir esta clase de riesgo al mercado de capitales, el bono fue calificado por Moody’s con grado de inversión (A3).
El éxito de estas titulizaciones revela una atracción latente entre los inversores de renta fija hacia las formas especializadas de riesgo y una disposición de las agencias de calificación para evaluarlos. Los títulos multieventos pueden, por consiguiente, convertirse al menos en una solución parcial a largo plazo para asegurar de forma privada los riesgos de terrorismo.

El Mercado y las Tendencias de la Asegurabilidad

La facultad de la industria aseguradora para asumir riesgos de difícil aseguramiento o inasegurables disminuyó en tiempos recientes debido a varios factores. En primer lugar, la capacidad aseguradora mundial se vio mermada por la evolución adversa de los mercados financieros y por una siniestralidad extraordinaria, especialmente en relación con el 11 de septiembre de 2001. Entre finales de 2000 y finales de 2002, el capital de la industria reaseguradora se contrajo notablemente, dificultando la capacidad de la industria para cubrir grandes riesgos difíciles de asegurar. Gracias a una fase de mercado duro y a la recuperación de los precios de los títulos-valores, el sector está de nuevo bien capitalizado.
Una tendencia clave que socava la facultad del sector para cubrir riesgos extremos o a largo plazo proviene de la cambiante relación entre aseguradores y reaseguradores. Los reaseguros están normalmente basados en la indemnización y están diseñados para ajustarse a las necesidades específicas de la compañía cedente. Los reaseguros tradicionales dependen, en parte, de unas relaciones contractuales y de negocios bien definidas entre aseguradores y reaseguradores. Los contratos de seguros y reaseguros se basan en un entendimiento implícito de que las pérdidas serán compartidas en el transcurso de una relación a largo plazo. Las más bajas barreras de entrada en el mercado causadas en parte por el desarrollo de mercados extraterritoriales, como por ejemplo en las Bermudas, han reducido el factor de “reembolso a lo largo del ciclo” propio de los contratos de reaseguros. Después de grandes siniestros, los precios más elevados de los reaseguros atraen a los recién llegados cuyos saneados balances y sólidas bases de capital les permiten suscribir contratos a precios por debajo de los reaseguradores establecidos. Esta situación sugiere la necesidad de encontrar nuevas soluciones para mejorar la relación entre los reaseguradores tradicionales y las aseguradoras directas.
Los seguros reducen los riesgos e incertidumbres a los que se enfrenta el cliente. Pero no todos los riesgos pueden ser asegurados. Como se ha señalado en este informe, para que un riesgo sea asegurable debe ser cuantificable, delimitado y calculable. Para que los riesgos sigan siendo asegurables en un mundo que está cambiando rápidamente, los aseguradores deben cuidar mucho los textos y el lenguaje de las pólizas. Las exposiciones deben ser consignadas a límites predefinidos. Si el diseño de los contratos y su formulación no pueden definir con claridad los límites de un riesgo, los aseguradores no lo cubrirán. Tanto los aseguradores como los gobiernos y los mercados de capital tienen una función que cumplir a la hora de extender los límites de la asegurabilidad.

Los Aseguradores Deben Continuar Innovando
Con el fin de mantener la asegurabilidad de los riesgos, la industria debe continuar innovando para satisfacer las necesidades de las personas, de los negocios y de las sociedades. El éxito futuro de los aseguradores dependerá de su capacidad de adaptación para cubrir estas necesidades mediante el desarrollo de nuevos productos y penetrando en nuevos mercados. Como se ha demostrado en este informe, los antecedentes del sector son favorables.
Un elemento clave para la capacidad de adaptación de los aseguradores es la flexibilidad de los contratos tradicionales de seguros. Las condiciones del seguro como los deducibles, los copagos y los límites de las pólizas ayudan a garantizar que todas las partes compartan el riesgo de forma justa. Estas características, aunque parezcan familiares y hasta cierto punto triviales son, sin embargo, factores poderosos. Mucho se ha dicho -y con razón- sobre el modo en que el rápido crecimiento del uso de derivados durante las últimas décadas ha facilitado la distribución más eficiente del riesgo. Los aseguradores han tenido a su disposición durante mucho tiempo estas herramientas. Después de todo, un deducible no es más que un nuevo nombre para un “ precio de ejercicio”, los tramos de seguros no son sino tramos de riesgo y un contrato de seguros es un tipo de derivado.

El Gobierno Puede Ayudar a Tornar Disponible la Cobertura de Riesgos

Los gobiernos pueden intervenir de distintos modos para aumentar la disponibilidad de la cobertura. Cuando el libre mercado no consigue asegurar adecuadamente un riesgo en pleno auge, como el riesgo de terrorismo tras el 11 de septiembre, los gobiernos pueden ampliar la disponibilidad de la cobertura, ya sea mediante la financiación de vehículos especiales para ofrecer reaseguros o bien obligando a los asegurados a pagar un recargo para facilitar la creación de pools contra riesgos sociales.
Los gobiernos también pueden promover la asegurabilidad de formas más indirectas. Cuando un gobierno proporciona un beneficio social como puede ser la cobertura de cuidados a largo plazo, está familiarizando al público con un tipo de seguros que de otra forma no se habría podido entender. Este proceso de educación hace más fácil que los aseguradores privados puedan vender coberturas complementarias. De forma similar, cuando un gobierno deja de ofrecer un beneficio social o bien lo recorta, surge una nueva demanda para la cobertura privada por parte de quienes desean recuperar el beneficio perdido. De este modo, cuando los planes estatales de pensiones muestran signos de debilidad financiera, la demanda de pensiones privadas aumenta.

La Titulización Puede Incrementar la Asegurabilidad

La titulización de seguros complementa a las herramientas tradicionales de sus seguros. A gran escala, incrementaría la cobertura para riesgos de difícil aseguramiento y la haría más asequible, ya que ampliaría la capacidad de la industria. Si se alcanzara una masa crítica, los costos de los títulos vinculados a seguros (ILS) se reducirían aún más, gracias a las economías de escala, al aprender haciendo y al incremento de liquidez. Un mercado maduro de ILS sería especialmente provechoso para permitir que los riesgos sigan siendo asegurables durante una fase de mercado duro. La titulización de riesgos hipotecarios durante las tres últimas décadas ha tenido un efecto similar, al reducir tanto el nivel como la volatilidad de los tipos hipotecarios.

Transferencia del Riesgo de Mortalidad al Mercado de Bonos

La primera transacción de transferencia de riesgo de mortalidad al mercado de bonos consistió en un ILS vinculado al riesgo extremo de mortalidad, emitido por Swiss Re en diciembre de 2003. Los bonos, cuyo valor total era de U$S 400 millones, proporcionan un pago ligado a un índice de mortalidad. Para incrementar la transparencia hacia los inversores, el índice es calculado por una compañía independiente que emplea datos de acceso público. Para minimizar el riesgo de base, utiliza ponderaciones que reflejan la cartera de pólizas del emisor. La transacción demuestra cómo los reaseguradores pueden desplazar el riesgo de mortalidad a los mercados de capital.

Intervención Contraproducente del Gobierno

Algunos tipos de intervención gubernamental pueden disminuir la disponibilidad de seguros. Cuando un gobierno limita las tasas de prima a un nivel artificialmente bajo, los aseguradores abandonan el mercado y se produce una escasez de seguros. La política pública también puede reducir la oferta de seguros cuando, como ocurre en Estados Unidos, los jurados actúan de forma compasiva y otorgan grandes e inesperadas indemnizaciones por daños compensatorios y punitivos. En un entorno así, los aseguradores dejan de suscribir la cobertura de responsabilidad que los negocios necesitan y las tarifas sufren un fuerte incremento, lo cual obliga a algunos negocios a cerrar y hace que otros ni siquiera lleguen a ponerse en marcha.

27- Para una introducción accesible a los reaseguros, véase Swiss Re (2004), Understanding reinsurance: How reinsurers create value and manage risk.
28 Para mayor información sobre titulización de seguros, véase Swiss Re (2003), “Insurance-linked securities”.
29- L.D. Cluff y S. Jonkman (2002): “Terrorism insurance post 9/11: principles for designing private/public programs”, P.M. Liedtke and C. Courbage (eds.): Insurance and September 11: One year after; The Geneva Association.
30- Neue Zürcher Zeitung, 1º de septiembre de 2005, “Elementarschaden-Pool hält Belastung stand“.
31- Diecinueve de los 26 cantones -los estados que conforman la Confederación Helvética- tienen compañías de seguros de Inmuebles de propiedad pública que ofrecen coberturas proporcionadas por aseguradores privados.
32- General Accounting Office (2002): “Terrorism insurance: rising uninsured exposure to attacks heightens potential economic vulnerabilities”, testimonio de Richard J. Hillman ante el Subcommittee on Oversight and Investigations, Committee on Financial Services, House of Representatives, 27 de febrero.

 
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