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>> CICLOS ECONOMICOS DEL IAE
XVII Ciclo Económico del IAE




Continuamos publicando las disertaciones ofrecidas en el marco del XVII Ciclo Económico organizado por el Instituto de Altos Estudios Empresariales (IAE), de la Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad Austral, que contó con el auspicio de la reaseguradora XL Re Latin America. En esta oportunidad, presentamos la conferencia del economista Daniel Artana.


Ante todo, quiero agradecer la invitación para estar nuevamente con ustedes.
Lo que voy a tratar de hacer hoy es mostrarles que hay algunas cosas en la economía que están, a mi juicio, funcionando muy bien, otras aceptablemente y otras que plantean algunos interrogantes. En mi opinión -como voy a tratar de concluir al final- esos interrogantes no van a tener consecuencias negativas para la economía de acá hasta finales del año que viene. Digo esto porque si uno les pregunta a los analistas políticos, en general, la mayoría -sino la totalidad- está pronosticando un triunfo del presidente o su esposa -quienquiera que se postule en la elección de octubre del 2007. La pregunta que nos hacen a los economistas es si hay alguna chance de que la economía tenga un estancamiento importante que pueda mellar la popularidad del presidente, porque calculan que una parte de su popularidad está relacionada con el buen funcionamiento que ha tenido la economía. La respuesta a eso, en los escenarios más probables, es que no. Eso no quiere decir que no existan luces amarillas, que nos generan algunas dudas para -si uno se guía por las encuestas- lo que será el segundo mandato del Presidente Kirchner o el primero de su esposa.
Hay varias cuestiones que están funcionando positivamente. Primero, el contexto internacional ha sido muy favorable para la Argentina. Mi impresión es que en el escenario más probable, esto va a seguir siendo así. Ustedes saben que hay señales bastante claras de que la economía de EE.UU. se está desacelerando. Esas señales han empezado por algún frenazo en las transacciones inmobiliarias, y eso puede quitarle a la economía de EE.UU., parte del empuje que ha tenido recientemente, porque se dice que si la gente deja de percibir que las propiedades suben, se siente menos rica y por lo tanto tiende a consumir algo menos. De todas maneras, en la medida en que no haya una caída brusca en el precio de las propiedades en EE.UU., es difícil que eso le cueste a la economía más de un punto de crecimiento. Y yo diría que la mayoría de los analistas de la economía en EE.UU. está esperando que el crecimiento se mueva del 3,5% al 2,5%, lo cual sería compensado por buenas perspectivas de actividad económica en Japón y el resto de Asia y por una economía europea, que tiene algunas señales de recuperación, después de haber estado bastante parada, en los años previos.
Si uno mira la evolución de cómo se han resuelto en los países desarrollados las burbujas inmobiliarias, en general la evidencia es que no hay reducciones importantes en los precios de venta, sino que hay precios que se quedan estancados y el tiempo va haciendo su trabajo. Esto es importante, porque en general lo que motoriza un aterrizaje brusco -por lo menos en lo inmobiliario, en la economía norteamericana- requiere una reducción en el precio de venta, porque así se transmite el problema en el mercado de la vivienda, al mercado financiero. Hay dos trabajos, uno de la OCDE y otro del Fondo Monetario, en el último año, que muestran que los ajustes se han dado en forma de cash landing con precios que no han caído, es decir, que se han desacelerado y por lo tanto han hecho un ajuste en forma poco traumática. Hace unos meses se publicó un trabajo del Deutsch Bank en la misma línea.
Por lo tanto, en términos de escenario internacional, quizás el año próximo no sea tan favorable como ha sido para la Argentina hasta ahora. En el año 2003, por ejemplo, la mejora en los precios de exportación le aportó a la Argentina algo más del 3,5% del PBI. Fue una inyección de dinero muy importante, que ayudó a la recuperación económica. En 2004 se agregó casi otro punto, 2005 fue neutral y este año hemos tenido otro envión más, a razón de la reducción en el precio de las commodities agrícolas y la suba en el precio de petróleo -Argentina todavía es exportador de energía- que ha más que compensado el efecto negativo de alguna reducción en el precio de las commodities. Un segundo efecto, que a veces se ha pasado un poco por alto, es que el grueso de las exportaciones argentinas va a dos mercados, Brasil y Chile. El PBI de estos países, medido en dólares -es decir, computando dos cosas: el crecimiento de la economía y la preciación de la moneda que ha ocurrido en ambos casos- es francamente espectacular. Por ejemplo, el PBI de Brasil, en 2002, era de U$S 500.000 millones, hoy es de U$S 900.000 millones, es decir, tuvo una suba de U$S 400.000 millones; y Chile, que tenía U$S 70.000 millones, hoy tiene casi U$S 130.000 millones. En realidad, entonces, piensen que para alguien que vende a esos mercados -como nuestros exportadores industriales- ha habido una gran expansión de las exportaciones de manufacturas de origen tanto agropecuario como industrial.
En el futuro es probable que la revalorización de las monedas se detenga. En Brasil el año que viene quizás crezca un poco el real, pero si se frena la apreciación cambiaria -en la medida en que después de varios años de esfuerzo para contener la inflación, el gobierno pueda cobrar el esfuerzo realizado, permitiendo que la tasa real se ubique en un dígito-, eso desalentaría el ingreso de capitales, porque la tasa de interés sería menos atractiva en dólares. Sin embargo, eso ayudaría a una expansión en el consumo de durables y haría que la producción creciera cerca de un 4%.
Entonces, el escenario es -tanto regional como internacional- en principio favorable, quizás no tan bueno como ha sido en 2003-2004 o este año, pero por lo menos, no va a jugar en contra.
La segunda cuestión es que la recaudación está andando muy bien y eso le da al gobierno la posibilidad de seguir manteniendo el incremento del gasto público -lo cual es un problema- sin deteriorar los números del superávit del sector primario. Los datos de julio arrojan un 22%-23% de crecimiento del PBI nominal, en promedio. El total de la recaudación que hace la AFIP está creciendo en torno al 25%. ¿Cómo se explica eso? Hemos concluido en nuestras investigaciones que la explicación de este crecimiento está en el impuesto a las ganancias, que está aumentando a tasas del 32%-33% anual. Por otro lado, los aportes al sistema de seguridad social, las contribuciones patronales, por ejemplo, están creciendo al 45% y los aportes personales al sistema de reparto están creciendo al 37%-38%. ¿Por qué está pasando esto? Obviamente hay muchas razones, pero la primordial es la falta de indexación que hace que exista un aumento en la alícuota efectiva. A nivel individual, el efecto es bastante claro y por más que haya habido una compensación, de una sola vez, este año cuando se generó una discusión que lideró -paradójicamente- Hugo Moyano, para subir el mínimo no imponible, el efecto fue que se fijó un número nominal y la compensación fue menor que la inflación. Cada aumento de salarios hace que, a pesar de que uno tenga el mismo ingreso en términos reales, la alícuota efectiva del impuesto suba.
En el caso de las sociedades, el efecto es ambiguo en principio, porque una empresa que se financia con fondos propios, paga más impuestos, porque paga sobre ganancias nominales y no sólo por las reales. En el caso del financiamiento con deuda, es al revés. Ahora, como en esta recuperación ha habido mucha financiación con fondos propios, se explica -a mi juicio- por qué las empresas están pagando más impuesto a las ganancias que antes. Ambas cosas han aumentado la presión efectiva. Creo que esto va a seguir así, sobre todo porque el gobierno tiene una buena noticia en el orden fiscal, aunque mala para el sector privado: a partir del año 2008 prescriben los quebrantos del año 2002 -que fueron enormes, producto de la devaluación- y por lo tanto, habría un salto adicional en la recaudación de ganancias que sería del orden de los $3.000 millones, si es que no se toma alguna medida en sentido contrario. Hay más empleo, aumentan los salarios reales y se eliminó el tope a las contribuciones patronales. Ha habido una moratoria que facilita que la gente se jubile sin aportes, pero hay que pagar algo y se implementó un régimen para el servicio doméstico. Hay varias cuestiones que juegan, por las cuales se ha visto una importante suba en la recaudación.
Los datos de actividad económica después de cuatro años de recuperación están convergiendo en un nivel de crecimiento del orden del 7,5%-8%, para el segundo semestre. Estamos previendo un crecimiento de algo más del 6% para el año 2007. Son cifras muy buenas de crecimiento económico, en parte ayudadas por el contexto internacional. Diría que un factor positivo adicional es que los números de actividad económica siguen dando muy bien.
Relacionado con esto hay un crecimiento del crédito al sector privado, con una recuperación muy vigorosa; de hecho está creciendo a una tasa del 40% interanual, a pesar de que los depósitos están creciendo al 20%. ¿Por qué pasa esto? Porque los bancos tenían mucha liquidez y la están prestando. Por más que esto esté creciendo desde niveles muy bajos, es el elemento más positivo dentro de una coyuntura favorable.
El segundo factor importante es que el crecimiento del empleo sigue siendo muy fuerte. Sin contar la gente que recibe planes -recuerden que el gobierno en la medición oficial del desempleo, mide como empleados a la gente que tiene planes Jefes y Jefas- porque eso no es técnicamente correcto, uno puede depurar la información del INDEC y ver cómo es el crecimiento del empleo genuino. En número de personas empleadas, el crecimiento se ha vuelto a acelerar en el segundo semestre de 2006, llegando a un importante número de alrededor de 800.000 puestos. De hecho, cuando uno relaciona esto con el crecimiento de la actividad económica, tratando de hacer una paridad, es decir, por cada punto del PBI, cuánto crece el empleo, el número se ubica en alrededor del 0,6%-0,7%, un índice anormalmente alto en la historia argentina. El número de largo plazo en la historia argentina es 0,3% y cuando uno tiene recuperaciones de crisis profundas, 0,6%. Pero nosotros ya llevamos cuatro años de recuperación. Por lo tanto, este número debió disminuir y sin embargo ha vuelto a tener un rebote. Esto ofrece un panorama positivo, que prolonga un crecimiento del empleo por arriba de lo que sería la tendencia del largo plazo y además de tener los efectos sociales positivos, que todos conocemos, ayuda a retroalimentar el consumo.
Tenemos en estos frentes buenas noticias que auguran una continuidad de la coyuntura favorable para los próximos meses.
Vamos a los temas de carácter “neutral”. No hay luces rojas, porque no hay nada que pueda generar en lo inmediato un problema. Sí hay, en cambio, luces amarillas en el largo plazo. Hay también señales neutras, que básicamente hacen a la inversión, tanto a la inversión total, como a la composición de la inversión.
Los números de inversión son razonables, pero no todo lo bueno que deberían ser, teniendo en cuenta la evolución del ciclo económico. Y para esto hay que mirarlo en perspectiva. Considerando los PBI de Argentina, Brasil y Chile, vemos que Argentina -después de la crisis- cobró un crecimiento vigoroso pero que todavía no le ha permitido recuperar el terreno perdido con respecto a Brasil o Chile. Brasil tiene una economía de desempeño mediocre, pero que no ha sufrido las turbulencias que tuvimos nosotros y Chile muestra una economía de alto crecimiento en la región. Entonces, comparando la actualidad con el ’98, Chile tiene una actividad 35% más alta, Brasil 20% y la Argentina 10%. Esta diferencia se debe a lo que todos hemos vivido como una de las peores crisis que le tocó al país en toda su historia.
Si uno toma la inversión en Argentina a precios constantes a nivel 100 en el año 1998, se ha recuperado el nivel. Ahora, si lo comparamos con Brasil, la performance a nivel inversión es bastante aceptable.
Con Chile -que también ha tenido una ganancia en el contexto internacional, por la suba del precio del cobre- la diferencia es abismal. La inversión hoy en ese país es 50% más alta en valores constantes de lo que era en el año 1998. Otra vez, el número de la inversión en Argentina no es malo, pero no es lo que debería ser, si uno hubiera tenido una economía con mejores señales para la inversión.
Y de hecho, si miramos -en Brasil no se pueden discriminar las cifras como lo hacemos nosotros en construcción y maquinaria de equipo- en términos de composición de la inversión, fíjense que la Argentina en construcción está por arriba de 1998, mientras que en maquinaria y equipo está prácticamente al mismo nivel. Chile, en construcción está 20% por arriba del ’98, en maquinaria y equipo está 70%. Esto quiere decir que parte de la composición de la inversión es en construcción residencial. A corto plazo ayuda a recuperar la economía, pero no a mediano plazo. La inversión en construcción asociada a proyectos de inversión de empresas o de inversión en maquinaria y equipo está en general más asociada a inversión en capital productivo.
Yo diría, por lo tanto, que los números de la inversión en Argentina no son malos, pero tampoco son muy buenos. Han reaccionado como tenían que reaccionar después de una caída muy profunda, pero en términos del nivel y de la composición, hay señales que uno puede mirar, por un lado positivas, respecto de Brasil, por otro lado, negativas, si uno se compara con la economía más dinámica de la región.
Pasemos ahora a las “luces amarillas”. Vamos a hablar al final del sector energético. El clima ha sido muy favorable este año, es más, si uno quiere explicar por qué la economía va a crecer al 8% en lugar del 6% que pronosticábamos los economistas el año pasado, se debe a que el contexto internacional fue mejor de lo que todo el mundo esperaba, incluidos los analistas internacionales. El crecimiento fue más alto que el que se auguraba en agosto/septiembre del año pasado. Y tuvimos 40C más de temperatura, lo cual flexibiliza las restricciones de la Argentina. Ahora, no sabemos si eso puede jugar a favor el año que viene. Lo que sí sabemos es que como ha habido abundante nieve, en las centrales hidroeléctricas, que dependen del deshielo, va a haber buen nivel de agua. Pero no sabemos si va a haber buen caudal en los ríos y si la temperatura va a ayudar para moderar la demanda si adviene un año muy frío. Por lo tanto, yo diría que tenemos una luz amarilla, porque creo que hay cosas que pueden hacerse a corto plazo.
La primera llamada de atención está constituida por los acuerdos de controles de precios. La segunda son las exportaciones en volumen. La tercera, los resultados fiscales de las provincias. La cuarta es la evolución del gasto público. La quinta es un problema de largo plazo, pero me pareció importante señalarlo, porque se refiere a la evolución de algunos indicadores sociales. La sexta es la energía.
En realidad, sobre los acuerdos de precios, hay algunas discusiones acerca de si han tenido efectividad para frenar la tasa de inflación, y en términos de expectativas probablemente hayan sido positivos. La descomposición de la inflación muestra que hay algo más que los acuerdos de precios presionando el índice general. El índice promedio que publica el INDEC es del 11% -comparando agosto de cada año- y los precios con estacionalidad están creciendo por arriba del promedio. Los precios regulados, que no son los que están afectados por el acuerdo, sino los servicios públicos, incluyendo los combustibles -que están creciendo al 1% anual- siguen creciendo muy por debajo del promedio. Y en el resto de los precios de la economía, la core inflation -incluye la carne, que no debería estar en un índice bien medido de core inflation pero de todas maneras es importante- observamos una señal positiva en términos de desaceleración, básicamente explicada por el efecto sobre el precio de la carne, que tuvo la prohibición -ahora flexibilizada- de la exportación y por las moderaciones de precios indirectas por las retenciones, ya desde la gestión económica anterior, y los lácteos. Por lo tanto, el promedio está controlado. No hay señales de un problema inflacionario creciente. Hay distintas proyecciones -no hechas por nosotros, sino por colegas de Argentina y del exterior- que indican que entre los regulados y los acuerdos de precios le estarían quitando al índice de precios alrededor de 2 puntos.
¿Por qué digo que los acuerdos de precios son un problema? No porque vayamos a terminar en un Rodrigazo, no hay ninguna posibilidad, porque el mismo incluyó un control de precios con políticas de control fiscal y monetaria disparatadas, éste es un control de precios parcial, con políticas de precios, que uno puede discutir si están algo desbocadas, pero que son prudentes. Lo que tenemos aquí es un problema donde uno se aparta de lo que debería ser y por lo tanto empieza a tener problemas en términos de señales para la inversión o alguna inflación reprimida.
En 2006, el primer año, el problema es de un 2%-3%. Como de acá a las elecciones no va a pasar gran cosa, agregaremos 2 ó 3 puntos más y ahí el problema será si el gobierno decide salir de los acuerdos de precios y cómo lo va a hacer. En el Rodrigazo, se acumulaba a un ritmo del 2%-3% por día, eso terminó en una explosión gigantesca. Aquí no va a haber tal explosión, pero hay un problema que si el gobierno no tuviera elecciones podría corregir, ya que ni siquiera está apuntando a inflación 0%, podría modificar un poco los precios y podría ir pensando en una estrategia para salir. En cambio, trata de aguantar hasta octubre de 2007 y después ver. Hay un problema, pero no influye en el corto plazo. Es algo que el gobierno tendrá que arreglar en algún momento, después de las elecciones.
El segundo tema es la evolución de las exportaciones. Arbitrariamente, el año 0 para Brasil es el año previo a la devaluación, a finales del ’98. Para la Argentina es el año 2001. Para Chile, como no tuvo devaluación alguna, pusimos arbitrariamente el 2001. Respecto de las exportaciones en valor, la Argentina -años después de 2001- ha tenido un desempeño razonable. Pero si miramos esto mismo en términos de volumen, el desempeño no es tan bueno. Chile ya había tenido un crecimiento espectacular de las exportaciones, Brasil y Argentina venían muy poco dinámicas en comparación y en el semestre de 2006 anualizado ha habido claramente un quiebre; al quinto año de la devaluación, las exportaciones en volumen en Brasil crecieron el 60%, en la Argentina lo hacen al 35%.
Lo que está detrás de la productividad es el crecimiento de las exportaciones en volumen. Si se toma esto en relación con los precios internacionales, el número deja de ser espectacular. Puede haber algunas explicaciones puntuales para explicar esto: una mala cosecha, el tema de la carne, que puede ser transitorio. Pero aun si uno mira las exportaciones industriales en volumen, lo que está explicando que estén creciendo es el tema de la recuperación de la exportación de autos a Brasil y a otros países también. Si uno saca esto, el desempeño de las exportaciones es muy pobre.
Aquí hay, entonces, una señal de alerta, una medida del reflejo de la productividad de la economía. Es decir, a pesar de que tenemos buenos precios y un tipo de cambio competitivo, a las exportaciones argentinas les cuesta dar un salto. Fíjense que los brasileños lo han hecho, con un tipo de cambio en el promedio de estos cinco años mucho menos competitivo y con precios internacionales no tan favorables, para la media de commodities que exportan. Este es un problema para este año y para el que viene; para el 2008, probablemente no, pero es un punto para seguir observando.
El siguiente punto es el resultado fiscal de las provincias. La Argentina tiene un déficit recurrente que se ha transformado en un superávit más sostenible que el de las privatizaciones. Claramente, una mejora, sosteniendo un superávit fiscal -después del pago de intereses de la Nación- del orden del 1% del PBI.
Las provincias que habían presentado superávit en 2004, están tendiendo hacia el déficit otra vez. Esto es un problema, porque las provincias tienen las dos terceras partes de sus deudas con la Nación, por lo tanto, en el panorama financiero, la Nación quizás tenga que, en lugar de cobrar, asistir.
Voy a trazar una comparación con el año 1998, simplemente porque es el año previo a la crisis, no por otras razones. La debacle argentina comienza en 1999 con una caída en la actividad económica, que se prolonga hasta 2001, con el colapso de la actividad a partir del segundo semestre de ese año. Como porcentaje del PBI, la situación no es muy distinta a la del ’98. Es lógico, en el ’98 la deuda pública argentina no era muy alta y la carga de intereses era de 2 puntos del producto, que es más o menos el nivel que tenemos hoy, incluyendo el cupón atado al PBI que es bastante parecido a un interés. En términos de intereses, si uno compara con 2001 el número era mucho más alto, pero si comparamos con un momento en que teníamos sostenibilidad en la deuda -aunque después termináramos muy mal- la carga de intereses no era muy distinta. Lo que hizo la reestructuración de la deuda, al menos en el rubro de intereses, fue retrotraernos a los niveles que teníamos en el ’98. No hicimos una quita feroz, sí con respecto a lo que nos había llevado la dinámica de la deuda en 2001. Si uno mira las amortizaciones de la deuda -y por lo tanto el total es la necesidad de financiamiento del gobierno nacional (intereses + amortización)- ha habido una reducción, porque básicamente lo que hizo la reestructuración fue postergar los pagos por varios años.
Si comparamos el total, tenemos un ahorro de 1 punto del PBI, una cifra de cierta significación, pero no estamos muy alejados del año ’98, en términos de financiamiento. ¿Cuál es la gran diferencia? ¿Por qué hoy el financiamiento del gobierno no es un problema? La gran diferencia es que hoy Argentina tiene resultado primario y antes no tenía. La tranquilidad en el frente de la deuda es el esfuerzo que hace la sociedad argentina para generar un superávit primario, por eso es muy importante no gastarlo. Porque si lo gastamos uno tiene que ir de vuelta al mercado y la deuda empieza a crecer -y recordemos cómo terminó esto tres años después del ’98. La clave aquí es mantener el resultado primario.
Si hacemos este mismo ejercicio para las provincias, en realidad, el número no es muy distinto al que teníamos en el año 1998. La diferencia -otra vez- es que antes teníamos déficit primario y ahora hay cierto equilibrio primario después del importante superávit de 2004. En términos de intereses tienen un poco menos, en términos de amortización, un poco más. Si uno suma todo, Nación y provincias, el total es algo menos de un punto del PBI. En la Nación -a pesar del aumento del gasto- la recaudación está permitiendo sostener el superávit primario. En las provincias, desapareció. En parte, porque la Nación las ha forzado a dar aumentos salariales, que pesan mucho en las provincias -el grueso de sus empleados son del Estado, con aproximadamente 300.000 de la Nación sobre un total de más de 2.000.000 de empleados públicos- el grueso está en los municipios y provincias. Los aumentos salariales generan un problema en las provincias, donde además ha habido un aumento de la inversión pública.
Si miramos el gasto consolidado en Nación y provincias, entre 1998 y 2005, medido en porcentaje del PBI, observamos que el gasto primario es 2 puntos más alto que el PBI y como los intereses son más o menos parecidos, el gasto total es aproximadamente 2 puntos del producto más alto. Es decir que hoy tenemos más gasto público que antes. Ahora tenemos gasto primario, a diferencia de lo que sucedía antes, porque la recaudación impositiva ha subido como 5 puntos del producto: a fuerza de impuestos, han cuadrado los números fiscales. No por la austeridad en el gasto; hoy se gasta más que antes. En salarios, se gasta más o menos lo mismo, en Nación y provincias, 8 puntos; en bienes y servicios, aproximadamente lo mismo. Ha habido una caída importante en el gasto de seguridad social -de 1 ó 2 puntos del producto- que en parte fue a inversión (subió un 0,9%, de 2,3% a 3,2%) y en parte ha ido a otro gasto primario -subsidios y planes Jefes y Jefas. Por ejemplo, si miramos los aportes a las empresas públicas, antes eran inexistentes y hoy se gastan $700 millones; en cuanto a subsidios a la energía y transporte, tampoco había y hoy se gastan $3.000 millones; el Plan Jefes y Jefas no existía y hoy se gastan $4.500 millones. Uno podría decir que, básicamente, la caída en las jubilaciones ayudó a financiar el programa de inversiones públicas y que el aumento de los programas sociales provocó el aumento del gasto. Más allá de que esto sea más o menos caprichoso, uno tiene algunas señales de aumento en el gasto jubilatorio, que veremos cómo resuelve finalmente el gobierno.
Un fallo de la Corte Suprema estipula que esto no es más admisible. Lo que tenemos -el incremento en el costo de vida, acumulado desde el 2001, y en los salarios registrados en el SIJyP- es un número parecido al costo de vida y los aumentos que han tenido quienes están concentrados en las jubilaciones más bajas, los que han superado la inflación y los que han tenido aumentos de entre el 11% y el 22%, que –obviamente- no han compensado la evolución de los salarios ni del costo de vida. Lo que ha dicho la Corte es que tiene que haber movilidad, no falló sobre el fondo de la cuestión, por lo tanto le ha dado al gobierno la posibilidad de establecer esta movilidad.
Ahora, ¿cuál es el costo fiscal de eso? Es enorme, por eso ustedes han visto en los diarios recientemente que la movilidad va a ser de acá para adelante, eso probablemente no frene los juicios pero va a diferir el momento del pago. Hemos realizado una simulación a distintos incrementos acumulados: por ejemplo, si el ajuste fuera del 40%, sería 0,4% del producto, si el ajuste fuera el necesario para compensar el aumento en el costo de vida, sería de 1 punto del PBI, es decir, $6.000 millones. Estamos hablando de cifras muy significativas. Y esto sin contar si se va a pagar retroactivo desde 2002 o desde 1995, aunque antes del 2002 las variaciones de salarios eran mínimas. Entonces, no sabemos cómo va a terminar esto, pero claramente hay un gasto creciente. El gobierno hasta ahora ha explicado la caída de las jubilaciones diciendo que las que estaban por sobre los niveles mínimos han disminuido. Bueno, eso no puede continuar. A lo sumo, habrá una discusión acerca de qué se hace con los retroactivos, pero estamos hablando de cifras muy importantes. Este es un problema, por lo tanto, que se deriva de un fallo de la Corte.
La Corte está discutiendo también un caso de ajuste por inflación. Ahora han abierto un proceso legal acerca del cual todo el mundo está opinando. Veremos cómo termina, es posible que surja de ahí una pérdida fiscal para el gobierno.
El segundo elemento problemático en cuanto a las jubilaciones es la moratoria. El gobierno ideó una moratoria tan generosa como nunca vio la Argentina: la gente se puede jubilar aunque no tenga aportes. Tomen por ejemplo el caso de una mujer que tenía 60 años a noviembre de 2004 y no había hecho ningún aporte a la seguridad provisional; podía pedir la jubilación, pero tenía que pagar 24 años de aportes, la deuda le daba $200.000, se podía pagar en 60 cuotas con interés bajo, le daba una cuota de $3.500 por mes. Obviamente, nadie iba a pagar $3.500 por mes durante cinco años para recibir una jubilación de $500. El decreto de principios de este año le puso un tope a los intereses que se utilizan para calcular la deuda. La deuda bajó de $200.000 a $19.000, la cuota bajó de $3.500 a un poco más de $300. Y, además, con el pago de la primera cuota, uno tiene el derecho a recibir la jubilación, no paga más la deuda y la cuota se le descuenta de la jubilación, es decir, que a uno le pagan para cumplir con sus obligaciones con el fisco. Algo nunca visto.
Hay varios municipios que han acordado con el ANSES que el municipio se va a hacer cargo de la primera cuota, para que la gente tampoco esté afectada por restricciones crediticias. El problema es que aquí hay 2.700.000 personas que pueden acceder a este beneficio. Eso es lo que yo creo que el gobierno no tuvo en cuenta, porque en realidad el beneficio lo puede pedir hasta una viuda que no cumpla los requisitos, si su marido era un informal que falleció antes de noviembre de 2004. Hay 500.000 mujeres en esa situación. Aquí hablamos de una cifra muy grande. ¿Cuánto dinero, entonces, se necesita para esto? Depende de cuánta gente entre. Si entra el 25%, hay un costo inmediato de $2.000 millones, si entra el 50%, es un costo inmediato de medio punto y un costo, cuando se expida la moratoria, de 0,7% del PBI. Obviamente, si entra más gente, no se sabe cuánto va a dar todo esto. El gobierno había dicho que habían entrado hasta hace un mes 200.000 personas, mucho menos del 25%; pero dijeron que esperan 400.000. Es algo que crea cierta efervescencia, porque es un regalo. Y lo interesante de esto es que la mitad del dinero se dirigirá a gente que del decil 5 para arriba. Esto no está concentrado en los niveles de poder adquisitivo más bajo. La jubilación universal podía tener una lógica para la gente de edad de bajos recursos, pero esto es universal.
Hay otras medidas con impacto fiscal, por eso crean tantas dudas. ¿Cómo termina esto? Depende, porque lo de la Corte puede ser menos, porque el gobierno patea la pelota para adelante. Hoy hay tres meses de cola. Si lo van a frenar administrativamente o no, no lo sé, pero hay formas de controlar esto.
Otra cosa es la Ley de Educación. El gobierno y las provincias han dicho que se comprometen a gastar 6 puntos del producto; hoy gastan 4,5 puntos. Hay una idea de ATE -una propuesta del diputado Lozano, que se está discutiendo con el Jefe de Gabinete- de que todas las provincias tengan un sueldo mínimo de $800 y pico. El costo fiscal de esto es $3.000 millones y la propuesta es que el 70% lo pague la Nación.
Está el tema de los quebrantos, que juega en contra del sector privado, pero a favor del fisco y el último punto que también juega a favor es que en una economía que siga creciendo, la pobreza va a seguir bajando y uno va a tener menos planes Jefes y Jefas; contra eso, lo que ya ha habido son pedidos de aumento del monto. Si va a haber ahorro fiscal, entonces, depende. Si el monto queda en $150, va a haber ahorro fiscal, de hecho, ya lo ha habido.
Por lo tanto, entonces, uno tiene un problema en las provincias y presiones en la Nación que hasta ahora se han materializado en parte y que, además, una recaudación muy buena ha permitido esconder. Pero la recaudación no va a seguir creciendo al ritmo que lo viene haciendo y las presiones seguirán estando. Es cierto que el gobierno tiene cierto margen, porque con una economía con algo de inflación, uno toma el gasto nominal y lo licua fácilmente, se hace un ajuste fiscal casi inmediato. Pero ése es un escenario menos popular, por lo tanto, hasta octubre de 2007, no se va a implementar esto.
Miremos ahora los indicadores sociales. El PBI per capita es hoy 10% más alto que en el ’94. Tomo ese año porque el desempleo es hoy prácticamente el mismo. Sin embargo, la pobreza en 1994 era del 19%, hoy es del 31%. La indigencia, que era de 3,5%, hoy es del 10%, y la relación de ingresos entre el decil de más altos ingresos y el de más bajos era del 22%, hoy es del 28%. Es decir que hay una distribución de ingresos más desigual, más indigencia, más pobreza, a pesar de que el PBI per cápita sea más alto y el desempleo sea el mismo.
Entonces, hay un problema: los indicadores sociales son peores. Si hemos tenido más ingreso medio, ¿por qué lo hemos distribuido más desigualmente? Hay varias razones. Evidentemente, la devaluación transfirió recursos desde los trabajadores hacia el capital. Quizás era necesario hacerlo. Pero creo que la explicación es más compleja y tiene que ver con que en la Argentina la mitad de los trabajadores todavía son informales. Estos tienen un nivel de ingresos de $550 en promedio, mientras que en los formales es de alrededor de $1.800/$1.900, públicos o privados. Por lo tanto, parte de las razones por las cuales los trabajadores no pueden salir de la pobreza tiene que ver con que son informales. ¿Qué diferencia a un trabajador formal de uno informal? Primero, los informales tienen mucho menor nivel de educación que los formales. Por ejemplo, 28% de los informales tiene sólo estudios primarios completos. Hay mucha más diferencia para aquellos que cuentan con un paso por la universidad o estudios terciarios, completos o no. Claramente esto tiene que ver con la educación, lo que implica que la solución es de largo plazo. Requiere una educación mejor que incluya a gente que hoy no puede ir a la escuela, un debate que no se planteó frente a la nueva Ley de Educación. Se implementó un 6% del PBI para Educación a cambio de 180 días de clase; una buena negociación, para los gremios docentes. De la calidad de la educación, se habló poco.
Hoy un 19% de los trabajadores informales tiene estudios terciarios contra un 43% de los formales; 61% de los informales no terminó la secundaria. Claramente, hay un tema de educación. Otras cuestiones: en general, los informales son más jóvenes, esto debería llevar a recapacitar sobre el salario mínimo, 47% de los empleados informales tiene hasta 30 años, sólo 27% de los formales tiene hasta 30 años. Por lo general, la mayoría de los informales trabaja en establecimientos muy pequeños, la mitad trabaja en establecimiento de hasta 5 empleados.
La solución a esto es de largo plazo, pero algún día hay que empezar, mejorando la educación, discutiendo el salario mínimo para los jóvenes, como las hay en Europa. El salario mínimo tiene que ser más bajo para los jóvenes, para facilitar el acceso a su primer empleo. Diría que ninguna de estas cosas se está discutiendo aquí.
El siguiente punto es que tenemos, por ejemplo, una de las tarifas de telefonía más bajas del planeta. Tenemos precios que no cubren costos y lo mismo podemos ver en el precio de la energía o del gas natural.
El precio de la nafta en Argentina es la mitad del de Brasil, Chile, Perú y Uruguay. No muy distinto que el de Bolivia, que gasta 7 puntos del PBI en subsidiar combustibles. Si los precios no cubren los costos, tenemos un problema, que no se materializó hasta ahora porque Argentina ha hecho dos cosas: una es consumir toda la producción de gas. La reserva de gas ha colapsado a menos de 10 años. Es posible que se pueda argumentar que Argentina no tenía reservas suficientes para hacer lo que hizo el gobierno: exportar a Chile y en parte a Uruguay, penetrar todavía más el gas en el consumo residencial y vehicular y moverse en el sector industrial a sustituir la generación eléctrica por gas, todo lo que se pudiera. Es posible que haya sido muy ambicioso.
Había un trabajo del Banco Mundial, hecho a principios de los ’90, que sugería que si uno bajaba las reservas de 15 años, no podía atender tanto requerimientos. Cuando llegamos a ese nivel en 2002, habría que haber controlado la demanda; lo que hicimos fue fomentarla, con precios que no cubrían los costos. Ahora tenemos que absurdamente importar gas de Bolivia a U$S 5, pagarle a los productores alrededor de U$S 1,50, y vender a U$S 3. Obviamente, la consecuencia será el colpaso.
Ha caído la producción de petróleo. Venía con una tendencia descendente, sin consumir reservas. La variable en el mercado de los combustibles ha sido -si miramos la producción de petróleo en toneladas equivalentes y la exportación- el colapso. Hemos consumido el saldo exportable; si bien no en derivados, Argentina exporta básicamente nafta y fuel oil e importa gas oil. Hoy obviamente, nadie quiere importar gas oil, porque es importar a pérdida, pero más allá de este dato, lo que ustedes tienen es que estamos consumiendo el saldo exportable de crudo.
Si la producción sigue cayendo al 2% anual -de hecho es un poco más favorable que la tendencia que viene desde el ’98 para acá- dejamos de exportar crudo en 2008 y no vamos a importarlo, porque nadie va a traer crudo a precio internacional, más el transporte, para exportar derivados a precio internacional, menos el transporte, menos la retención del 5%. Lo que vamos a hacer es consumir nuestra capacidad exportable de derivados. Estaremos yendo contra el saldo comercial. Y lo mismo pasa con el gas. Mantuvimos la exportación sin grandes caídas, pero si la producción empieza a declinar -esto puede sonar pesimista- vamos a tener que importar.
En electricidad, hay muchas cosas que se pueden decir. Primero, uno no tiene problemas de generación, si tiene dinero. El gobierno ha hecho una convocatoria en enero, por la capacidad de generación que tiene el sector privado. El problema es que el precio mayorista de la energía eléctrica es menos de U$S 0,01 por KV/hora y generar electricidad con gasoil cuesta entre U$S 0,10 y U$S 0,12, entonces, alguien tiene que poner la diferencia. Cuando fueron a ver si se encargaba el Tesoro, dijo que no. Entonces, trataron de que se ocuparan los industriales y ahí, quien está a cargo de los acuerdos de precios dijo que no, porque se caían los acuerdos. Estuvimos, por lo tanto, parados con ese tema hasta ahora, que acaba de salir la resolución, con lo cual quedaría a cargo del Tesoro, en principio. Eso va a costar unos U$S 300 millones anuales, más o menos, pero empezaría a compensar los faltantes de generación. Fíjense entonces que el gobierno está licitando ahora centrales térmicas, lo cual anunció que iba a hacer en 2004, viene con más de dos años de rezago. Ha vuelto a anunciar un plan nuclear, más ambicioso, cuando ya estaba prevista la conclusión de Atucha II, con la suba de la cota de Yaciretá, que todavía se está discutiendo con Paraguay. Teniendo el dinero, no pueden ejecutar. Es raro, pero así están las cosas.
Yo creo que el riesgo de que uno tenga un faltante notorio de energía de acá a las elecciones es muy bajo. Lo que tenemos es una solución ineficiente del problema que cada vez cuesta más plata, en un Tesoro que tiene otras presiones de gastos. Este juego puede seguir en 2007, sin grandes problemas. Si se da una segunda presidencia de Kirchner -que es lo más probable en el escenario político- la respuesta es no. Entonces, diría que en octubre de 2007, después de las elecciones, el Presidente tiene una decisión difícil de tomar: o actúa con medidas impopulares -de las cuales prácticamente no ha tomado ninguna, en su primera gestión como presidente, porque siempre ha tenido la fortuna de tener la caja- o no. Si toma medidas impopulares -subir precios o flexibilizarlos- para evitarse dolores de cabeza en adelante, el 2008 va a ser un año duro en términos económicos con un poco más de inflación que el 11% que estamos pronosticando para 2007, quizás 14% ó 15%, con una actividad económica que en lugar de ir al 6%, por ahí va al 2% ó 3%, pero uno se prepara mejor, para el 2009, 2010 y 2011.
Si uno sigue apostando a que la suerte resuelva los problemas, el riesgo es tener una sorpresa, por la energía o cualquiera de los otros factores que vimos hasta ahora. Es difícil, en el escenario energético, por ejemplo, tener cuatro años más de suerte, sin implementar una solución de fondo. Diría que -para resumir y terminar- de aquí a la elección de 2007, la economía tiene pocos riesgos, tanto en las cuestiones domésticas como internacionales. Luego vendrán decisiones en las que habrá que privilegiar la cuestión política o la tranquilidad económica. Una decisión política que no es fácil, pero para lo cual el Presidente debería tener los incentivos para tratar de despejar el horizonte de su segundo mandato. Si no, los riesgos son crecientes, no se puede apostar por ejemplo al calentamiento global para resolver los problemas energéticos. No es lo que hacen los países serios del mundo.
Muchas gracias por su atención.

 
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