No Edition Image
Suscribase y acceda
a la Edición Completa!

Buscador Temático
Usuario Registrado
usuario:...
password:

¿Olvido su Password?
 Edición de

>> CAMBIO CLIMATICO


El Cambio Climático Global y su Impacto en las Megaciudades



En febrero de 2010, Buenos Aires recibió aproximadamente el 80% del promedio de las lluvias del mes en sólo cuatro días, lo que produjo una gran inundación. Algunas calles se transformaron en ríos y la gente tuvo que trasladarse con la ayuda de sogas. Tanto casas como negocios sufrieron graves daños. ¿Podemos concluir que estos acontecimientos indican el cambio climático? Y si fuera así, ¿qué significaría el concepto científico “cambio climático global”? Informa el Dr. Eberhard Faust, Jefe de Investigación: Cambio Climatíco y Desastres Naturales de Munich Re.


El “Cambio Climático Global

Para tratar estos interrogantes, debemos comenzar por aclarar el problema del cambio climático global. En comparación con el pasado, el clima de la tierra ha variado enormemente en términos de grandes amplitudes a lo largo de varias eras (como lo fue el caso de los ciclos de glaciación y deglaciación en el cuaternario). Existe una fuerte evidencia de que estas alteraciones en los últimos tres millones de años están ligadas a variaciones regulares en la órbita de la tierra alrededor del sol que se conocen como los “Ciclos de Milankovitch”.
Estas fluctuaciones en los parámetros orbitales provocan un cambio en la intensidad de energía solar recibida por los continentes del norte, lo cual es la principal causa de las alteraciones entre las eras de congelamiento y derretimiento en escalas de tiempo que se pueden medir en varias decenas de miles de años. Por su parte, la concentración de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera es lo que hace variar la temperatura global y acentúa el calentamiento.
Por el contrario, en el “cambio climático antropogénico” (CCA), el cambio de la temperatura global que debería ocurrir en decenas de miles de años ocurre en décadas y siglos sin la influencia de la órbita. Esto se debe a que la civilización industrial ha alterado directamente la abundancia de gases del efecto invernadero (GHG, según sus siglas en inglés, “green house gases”) y de partículas en la atmósfera, a través de la quema de combustibles fósiles, los procesos industriales y la modificación de las propiedades de la superficie terrestre. Todo esto en conjunto llevó a una alteración del balance de la energía del sistema climático.
Por lo tanto, en el caso del CCA, la variación de la temperatura global no es una causa independiente de la concentración de CO₂ en la atmósfera, sino que el aumento en la concentración atmosférica de este gas producido por los cambios en la actividad humana y la explotación del suelo es la principal causa de los desajustes en la temperatura global.
Si bien el dióxido carbono es el gas del efecto invernadero que encontramos en mayor cantidad en la atmósfera, también podemos mencionar el metano, el óxido nitroso y los halocarbonos, entre otros (los cuales han aumentado progresivamente desde la era preindustrial). El efecto producido en la temperatura se debe a la habilidad de las moléculas GHG ubicadas en la atmósfera para dejar pasar la radiación shortwave emitida por el sol y absorber la radiación longwave emitida por la superficie de la tierra. De este modo, se refleja parte de esta energía hacia la superficie, manteniendo el calor dentro del sistema atmosférico de la superficie. A este mecanismo llamamos “efecto invernadero” y ocurre también naturalmente: sin este mecanismo, la temperatura media de la superficie terrestre de 14⁰C podría ser de -18⁰C.
A raíz de las emisiones de GHG producidas por el ser humano y los cambios en la explotación del suelo, el CCA causa un efecto invernadero aumentado. La inclinación lineal en el calentamiento global observada durante el período 1906-2005 es de 0,74⁰C. De este modo, podemos confirmar que “la mayor parte del aumento observado en las temperaturas globales promedio desde mediados del siglo XX se debe, muy probablemente, al aumento observado en las concentraciones de gases del efecto invernadero antropogénico” IPCC, AR4, WGI, 2007).
El CCA representa un caso muy especial de la alteración climática. Además de este fenómeno, existe una alta variación dentro del sistema climático, como los cambios no forzados por agentes externos (los GHG, los aerosoles o la variabilidad solar). Un elemento muy conocido del cambio climático es el fenómeno de “El Niño”, que afectó principalmente la región tropical del Océano Pacífico, pero también modificó levemente los patrones climáticos estacionales en muchos lugares de Sudamérica: por ejemplo, las acciones más fuertes de El Niño en las últimas décadas han coincidido con inundaciones muy destructivas, particularmente, en el lecho del río Paraná y, en menor medida, en el Río Uruguay. En estos años, extensas áreas del Noreste argentino pueden sufrir grandes precipitaciones, así como también el Sur de Brasil, Uruguay y, la costa del Pacífico de Ecuador y Perú. Por otro lado, el Noreste de Brasil sufre de sequías.
Como el sistema climático siempre se ha caracterizado por fluctuaciones naturales y extremos a escala global y regional, sería imposible atribuir cualquier acontecimiento a un cambio de clima natural o antropogénico. Un clima cambiante sólo puede ser detectado analizando parámetros meteorológicos como la cantidad de lluvias a lo largo de varias décadas, por tendencias en el promedio de los parámetros o por variabilidad. Las causas de estos parámetros deben estar establecidas por argumentos basados en metodologías de atribución física, incluyendo también métodos de modelos climáticos. Hoy en día, los estudios han revelado que el calentamiento en las últimas décadas, ya sea a nivel global o a nivel continental, se explica principalmente por un aumento en las concentraciones de GHG en la atmósfera, cambios en el uso de aerosoles y la explotación del suelo (todo esto empujado por las sociedades industriales alrededor del planeta).
Como es evidente en observaciones sobre la temperatura del aire cercano al suelo y a la superficie marina, el calentamiento del sistema climático es real y se ha acelerado durante el último siglo. Además, la temperatura de la superficie oceánica ha demostrado una tendencia al calentamiento. Paralelamente, se ha observado también una pronunciada reducción en la cantidad de noches frías y días helados, mientras que las jornadas calurosas se han vuelto más frecuentes. Del mismo modo, las olas de calor han aumentado en duración y frecuencia en muchas regiones durante la última mitad del siglo XX. Principalmente, las regiones subtropicales se están volviendo más cálidas y secas: en el Norte de Argentina, el número de días secos seguidos aumentó significativamente desde 1960 (Haylock et al., 2006), mientras que las zonas áridas alrededor del planeta se han más que duplicado desde los años 70.
Del mismo modo, el fuerte retroceso de los glaciares continentales en casi todo el mundo también es percibido como una respuesta al calentamiento global post 70. El aumento en el nivel del mar parece haberse acelerado en un promedio de 1,7 milímetros (mm) por año durante la totalidad del siglo XX, y en 301 mm por año solamente en los últimos quince años.
Finalmente, la frecuencia de grandes precipitaciones ha aumentado en la mayor parte de la Tierra, lo cual coincide con tasas de evaporación más altas en las superficies marinas más cálidas y el aumento de la cantidad de vapor de agua de la atmósfera. También hay evidencias de que, en grandes partes del mundo, el incremento relativo en los extremos de precipitaciones es mayor que el aumento relativo en el promedio de precipitaciones, como bien lo demuestra la contribución de la suba de lluvias torrenciales al total de precipitaciones anuales (Alexander et al., 2006).
Impacto del Cambio Climático en Argentina

A esta altura, tendríamos que observar algunos casos de Argentina: en Buenos Aires, las lluvias anuales aumentaron en el último siglo en aproximadamente un 30%, mientras que el aumento generalizado de lluvias es documentado a lo largo de todo el Centro y Noreste argentino. De la misma manera, la corriente de lo ríos del Este del país ha crecido sustancialmente en las últimas décadas, también conectado a una frecuencia mayor en los desbordes de los ríos y las inundaciones causadas por grandes precipitaciones extremas que exceden los 100 mm en dos días en las provincias del Centro y Noreste argentino (se han triplicado entre los años 60 y los 90, y principios de los 2000).
Como consecuencia del aumento de las lluvias en el Centro y Noreste de Argentina, las áreas de agricultura podrían expandirse hacia el Oeste y Norte de la zona más tradicional de La Pampa. Otra consecuencia fue un aumento importante de la generación de energía en el lecho del Río de la Plata, lo cual fue contrarrestado por un aumento de la frecuencia de las inundaciones destructivas en los valles del Este argentino. Por otro lado, el descenso de las nevadas sobre la Cordillera de los Andes llevó a una reducción en las corrientes de los ríos que allí se originan, provocando reducciones en la generación de energía hidráulica de hasta un 40% en Río Negro y Neuquén (2º Comunicación Nacional, 2007). Además, los glaciares andinos, desde Colombia hasta Argentina, están reduciendo su volumen en forma drástica. Durante los próximos quince años, probablemente desaparezcan los glaciares intertropicales de Los Andes, lo que afectará el abastecimiento de agua y la producción de energía hidráulica.
Para el período 2020-2040 se esperan aumentos considerables en los climas de las regiones del Norte, Centro y Este de Argentina, en el orden del 1⁰C y 1,4⁰C. En consecuencia, la evaporación va a subir y el derrame del lecho del Río de la Plata va a bajar, lo que provocará pérdidas en la producción regional de energía hidráulica (2º Comunicación Nacional, 2007). En general, la precipitación promedio en el Noreste argentino aumentará alrededor del 10% en el período 2020-2040, en comparación con 1961-1990 (2º Comunicación Nacional, 2007).
En cuanto a los extremos para 2030, los modelos climáticos predicen olas de calor más extensas en el Norte y un mayor número de días secos consecutivos en el Norte y Centro, incluyendo Gran Buenos Aires. De modo contrario, se espera una mayor intensidad en las lluvias diarias, en particular, en el Noreste argentino, Uruguay y el Sur de Brasil. También se calcula que también crecerá de modo importante el máximo volumen de precipitaciones por cinco días en dicha región (De la Torre et al., 2009; Marego et al., 2009). Así, el Centro y Noreste argentino tienen que estar preparados para enfrentarse a precipitaciones todavía más frecuentes y severas, así como a inundaciones en las próximas décadas, incluyendo el Gran Buenos Aires.
Por otro lado, las zonas Norte y Oeste sufrirán de modo progresivo de water stress y sequías. La disminución en la caída de nieve en Los Andes continuará reduciendo aún más la producción de energía hidráulica en Mendoza, Río Negro y Neuquén, y también afectará negativamente a la agricultura de las provincias de Mendoza y San Juan.
Impacto en Megaciudades

Megaciudades como Buenos Aires son polos de riesgo por la enorme cantidad de gente, bienes e infraestructura en un área restringida. Esta característica puede causar problemas climáticos relativamente pequeños como tormentas eléctricas y precipitaciones abundantes que terminen produciendo grandes daños en estaciones de tren u otros medios de transporte. El rápido desarrollo de las áreas metropolitanas normalmente está compuesto de mayores vulnerabilidades dentro de la ciudad: complejas redes de electricidad, información, internet, teléfono, gas, agua y transporte, así como también la interdependencia.
El crecimiento descontrolado de las ciudades implica también que las autoridades municipales se encuentren incapaces de garantizarles el abastecimiento de productos y los servicios básicos a los habitantes e inmigrantes del interior. En algunos casos, no existe una gestión efectiva para las emergencias de escala metropolitana o, cuando la hay, falla; ya sea porque diferentes ciudades se han transformado en un solo conurbano sin ningún tipo de regulación o porque hay rivalidad entre las autoridades.
La mayoría de las megaciudades en Sudamérica van a ser afectadas por olas de calor provocadas por el cambio climático. Esto representa un aspecto típico de las grandes áreas urbanas, donde el efecto urbano “heat island” puede desarrollarse: centros densamente construidos, formados por edificios de concreto y áreas asfaltadas que se calientan considerablemente al estar expuestas al sol; mientras que el enfriamiento nocturno se reduce o no existe más. El efecto urbano “heat island” puede aumentar las temperaturas de los centros urbanos hasta 10⁰C sobre el nivel de temperatura de las áreas suburbanas. Durante largas olas de calor, este efecto puede traer serias consecuencias porque los ancianos y las personas enfermas sufren más este fenómeno, por el bajo nivel sanitario y por la calidad de equipamiento. Por eso, la tasa de mortalidad en las megaciudades es más pronunciada durante las olas de calor.
Por otro lado, como las grandes áreas urbanas están cubiertas de concreto y asfalto, una enorme cantidad de agua de lluvia corre por la superficie. Asimismo, los sistemas de desagüe por lo general no están diseñados para grandes precipitaciones, lo cual ocasiona inundaciones locales tras las lluvias torrenciales.
Finalmente, las granizadas violentas pueden causar grandes pérdidas en las megaciudades debido a la alta concentración de autos y edificios.
Impacto en Buenos Aires

Buenos Aires suele sufrir muchas inundaciones provocadas por lluvias, las cuales, como ya señalamos, han aumentado su frecuencia en las últimas décadas. Uno de los problemas es que, desde principios de los 90, hubo un aumento en los niveles de agua subterránea que ha conducido a que esté casi al nivel de la superficie en amplias zonas de la ciudad. Así, este efecto ha empeorado las inundaciones.
La situación de la cuenca del Arroyo Maldonado ha sido crítica por décadas y la recurrencia de inundaciones es alta en esta área: 37 entre los años 1984 y 2004. Al menos una vez por año, el Maldonado rebalsa y congestiona el sistema de drenaje de la ciudad, lo que ocasiona inundaciones y sus consecuentes pérdidas. Como respuesta al problema del Maldonado, actualmente el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lleva a cabo un proyecto de reducción del riesgo y prevención.
Además de las inundaciones por lluvias intensas y granizadas como la de 2006, el otro peligro “húmedo” que aumentará bajo la influencia del cambio climático es la Sudestada. Este fenómeno representa una marea excepcionalmente alta en el Río de la Plata debido a los fuertes vientos del sudeste. Las pérdidas causadas por este fenómeno aumentarán a largo plazo por la suba del nivel del mar (Barros, 2006).
Pero también, muy probablemente, las olas de calor intensificadas por el efecto “heat island” en la capital argentina se transformen en un problema. Los ancianos y los enfermos serán los más afectados por este fenómeno.
En resumen, el cambio climático es un fenómeno global que tiene consecuencias a escala local, tanto en Argentina como en la megaciudad de Buenos Aires. Algunos de los riesgos, especialmente los peligros naturales mencionados, pueden ser equilibrados por mecanismos adecuadamente planificados, como lo son las coberturas de seguros. De todos modos, lo más necesario será una adaptación de las estructuras de la ciudad al cambio climático.

 
Nota de tapa - Vida y Retiro - Index - Congresos - Seminarios - Seguros de Crédito - Riesgos de Trabajo - Seguros de Personas - Internacional - Reaseguros - Bancaseguros - Entrevistas


> Seguro Total
> Reactions
> EMTS

Revistas Internacionales Estadísticas Capacitación Ediciones Anteriores Novedades Misceláneas Internacionales Entrevistas Congresos Productores y Asesores Reaseguros AFJP Salud Vida y Retiro Seguros Generales Riesgos Agrícolas Crédito y Caución Riesgos del Trabajo Automotores Nota de Tapa Publicidad Quiénes somos Proyectos de Ley Suplemento de Legislación Actualidad Internacional Panorama Latinoamericano Actualidad del Mercado Productos y Servicios Agenda Internacional Indicadores Económicos Editorial