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Reunión del G-20 en Cannes



¿Cuánto Cuesta a los Asegurados la Crisis Financiera?

The Geneva Association, centro líder de investigaciones en economía de seguros, dio a conocer el 2 de noviembre pasado una carta abierta a los líderes mundiales que se reunieron por sexta vez en Cannes, Francia, en el marco del G-20 para subrayar una vez más las fundamentales diferencias entre la exposición sistémica de la banca y el seguro a las crisis financieras internacionales. Esta nota reproduce el mensaje y las observaciones de Daniel Haefeli y Kai-Uwe Schanz, Director de Seguros y Finanzas y Asesor Especial para Investigaciones Estratégicas, respectivamente, de The Geneva Association.


Desde que comenzara la crisis crediticia en 2008 The Geneva Association abordó cuestiones vinculadas con la estabilidad financiera y desarrolló investigaciones para analizar el rol del seguro en el sistema financiero. Lo imprescindible en esta labor ha sido demostrar que el modelo de negocios del seguro es mucho más resiliente que el modelo bancario y que sus actividades fundamentales no crean riesgos sistémicos , hecho hoy ampliamente reconocido por expertos y reguladores. También hemos dedicado ingentes esfuerzos a abordar la escasa comprensión y conocimientos sobre seguros que era frecuente en organismos que se ocupaban de cuestiones vinculadas con los riesgos sistémicos, como el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB según su denominación en inglés). La experiencia y la pericia financieras y las declaraciones sobre estos temas se han centrado tradicionalmente en la fuente de los riesgos sistémicos (es decir, las actividades bancarias) pero no en la fuente de estabilidad que podría ayudar al sistema financiero a afrontar grandes impactos: el seguro.
Como resultado de ello, The Geneva Association dirigió una serie de cartas tanto al G-20 como a los demás arquitectos de cualquier posible futura regulación de riesgos sistémicos advirtiéndoles sobre potenciales peligros y destacando áreas en las que concentrar su labor. Reproducimos a continuación la carta más reciente de la Asociación, anticipándose a la reciente reunión del G-20 en Cannes. En ella se exponen los temas que hoy preocupan al sector asegurador y se subraya que los efectos de las medidas macroeconómicas tomadas para rescatar a bancos y economías no son necesariamente beneficiosos para las aseguradoras. A continuación de la carta ofrecemos un trabajo de la Asociación sobre los costos que la crisis económica implica para los asegurados. El mensaje es claro: las políticas macroeconómicas puestas en marcha para salvar a los bancos ya están afectando al seguro y una regulación mal diseñada podría aumentar esos efectos negativos.
Carta a los Líderes del G-20 – Noviembre 2, 2011

El sector asegurador mantiene su compromiso con las metas del G-20 de mejorar la resiliencia del sistema financiero global y promover simultáneamente la recuperación y el crecimiento. Aplaudimos la decisión del G-20 de ocuparse en la próxima cumbre de Cannes de temas específicamente bancarios concernientes al riesgo sistémico y dar el debido tiempo y espacio para encarar cualquier aspecto relacionado con el seguro.
Poco tiempo atrás reguladores financieros y la Asociación Internacional de Supervisores de Seguros (IAIS) manifestaron públicamente que las actividades tradicionales de seguros no generan riesgos sistémicos. Sería de gran utilidad que el G-20 reconociese formalmente lo que es opinión generalizada de expertos y, en particular, declarase claramente que el trato otorgado a cualquier actividad no básica del seguro tendrá presente el particular modelo de negocios y el rol de este sector, pero considerando asimismo la normativa ya vigente o a punto de introducirse. Las respuestas simplistas en materia reguladora y, en particular, una transferencia directa y cruda de normas bancarias al sector asegurador perjudicarán la capacidad de las aseguradoras en el cumplimiento de su papel económico. Desde hace décadas ninguna actividad aseguradora desencadenó una crisis sistémica. Este solo hecho demuestra que la industria aseguradora está bien situada para respaldar el desarrollo y el crecimiento económico mediante su capacidad de absorción de impactos y su perspectiva de inversiones a largo plazo. Esto tiene particular relevancia en un momento en que muchos bancos presentan una marcada necesidad de capital adicional.
En cuanto a un futuro proceso de individualización de Instituciones Financieras Sistémicamente Importantes (SIFIs según su denominación en inglés) para el sector asegurador, que fue correctamente desvinculado del proceso bancario, las consecuencias e implicancias de cualquier designación de ese tipo deberán evaluarse cuidadosa y ampliamente antes de identificar a una institución de seguros. Por su parte, los sistemas de resolución para aseguradoras fallidas que nunca crearon una crisis sistémica y constituyen procesos estables cuyo impacto está claramente delimitado, son puestos a prueba para determinar cómo funcionarán en el caso de actividades no básicas. Sería contraproducente si factores destinados a resolver cuestiones de estabilidad ubicadas principalmente en el sector bancario pudiesen amenazar la capacidad de asunción y transferencia de riesgos del sector asegurador por las consecuencias involuntarias de una metodología poco apropiada de designación o la aplicación de sistemas de resolución inadecuados.
La industria aseguradora confía que se tomará debidamente en cuenta el rol y evaluación de sus supervisores de grupos económicos cuando se evalúe la peligrosidad sistémica de aquellas instituciones que realizan actividades sistémicamente riesgosas y no sólo actividades básicas de seguros. En estos momentos parece existir alguna incertidumbre en cuanto a la responsabilidades propuestas para los organismos involucrados: mientras la supervisión macroproduncial puede ser conducida por organismos con alcance global, la supervisión microprudencial debe quedar a cargo de instituciones con profunda experiencia y especialización en seguros como los supervisores de grupos quienes deberían analizar específicamente toda potencial calificación SIFI.
Tal como lo han demostrado las investigaciones de The Geneva Association, los actores económicos y, en particular, las inversiones de cartera de las compañías aseguradoras ya han sufrido pérdidas desencadenadas por la crisis crediticia más el posterior clima de bajo crecimiento y el deterioro general de la capacidad crediticia en los mercados financieros. La actual política monetaria extremadamente laxa de los bancos centrales, destinada a colaborar con los necesarios esfuerzos de recapitalización de los bancos, también erosiona el producto de las inversiones de los aseguradores, para quienes este producto constituye un pilar clave de sus ingresos luego de las primas de seguros: se estima que una reducción del rendimiento de 100 puntos básicos reduciría en unos USD 226.000 millones anuales los ingresos por inversiones de la industria aseguradora global. Sería muy lamentable si la industria aseguradora, que hoy goza de buena salud, no sólo tuviese que sufrir en términos financieros por los efectos de algunas actividades no aseguradoras de alto riesgo que en el pasado resultaron terriblemente mal, sino también quizás por heredar un tratamiento inadecuado del riesgo sistémico y un potencial proceso de calificación como SIFI tomado del sector bancario.
Si bien no se anticipa que el seguro sea parte de la agenda de la inminente reunión del G-20 en Cannes, el bienestar del sistema financiero y de la economía en general sí lo es. Confiamos que los líderes de los países integrantes del G-20 tomen en consideración las especificidades del sector asegurador cuando aborden asuntos que podrían minar la contribución positiva que este sector hace al desarrollo y el crecimiento económico.
Dr. Nikolaus von Bomhard
Patrick M. Liedtke
Presidente - The Geneva Association
Secretario General y
Presidente del Consejo de Administración
Director Ejecutivo
Munich Re Group
The Geneva Association
Análisis del Costo de la Crisis Financiera para los Asegurados

por Daniel Haefeli, Director de Seguros y Finanzas, The Geneva Association, y Dr. Kai-Uwe Schanz, Asesor Especial para Investigación Estratégica, The Geneva Association
En el otoño boreal de 2008 los gobiernos desplegaron una amplia gama de diversas herramientas para desviar la amenaza más grave contra la economía mundial desde la Gran Depresión de comienzos de la década del 30. Se salvó a instituciones financieras consideradas sistémicamente cruciales. Otras se beneficiaron con grandes inyecciones de capital y garantías para sus deudas otorgadas por los tesoros nacionales. Además, los bancos centrales tomaron medidas decisivas y poco convencionales para asegurar suficiente liquidez en el sistema financiero y sus actores clave: para amortiguar el impacto de la crisis financiera y acelerar la recuperación económica se embarcaron en una política de extrema liberalidad, llevando las tasas de interés de corto plazo a niveles absolutamente mínimos. Cuando las tasas se acercaron a cero, los bancos centrales comenzaron a seguir políticas adicionales sin precedentes de “flexibilización cuantitativa”: imprimieron dinero para comprar a los inversores títulos gubernamentales y de corporaciones. Como resultado de estas medidas, los mercados financieros recibieron una inundación de liquidez, con lo que se suavizó con éxito el impacto sobre la economía real. Además se impidió el colapso del sistema financiero global como tal. Por lo que se ve, no habrá cambios en estas políticas pues la crisis de la deuda soberana europea ha resaltado la fragilidad de la recuperación económica.
Al examinar las consecuencias que la crisis financiera y las políticas adoptadas como respuesta significan para la industria aseguradora es importante diferenciar entre efectos directos e indirectos por una parte, y las ramificaciones a corto y mediano plazo por otra.
A medida que el sistema financiera comenzó a desmoronarse las aseguradoras sufrieron un impacto directo e inmediato por la depreciación de su patrimonio neto, los activos con renta fija y otros activos. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD según su denominación en inglés), el total de depreciación sólo de activos expuestos a hipotecas de alto riesgo (sub-prime) y las pérdidas sobre créditos vinculados superó los USD 250.000 millones, de los que AIG representó alrededor del 40%. La consiguiente reducción en el ritmo de la economía tuvo un impacto negativo adicional sobre los mercados de valores y la calidad del crédito, dañando las enormes carteras de títulos corporativos en poder del sector asegurador.
Indirectamente las aseguradoras sufrieron un impacto serio por la ralentización económica que siguió a la agitación en los mercados financieros. En 2009 los países desarrollados sufrieron la peor recesión en 80 años. La crisis de deuda soberana que se desarrolla en Europa -acelerada por la crisis financiera- evoca al espectro de una doble recesión. Familias y empresas reaccionaron reduciendo sus presupuestos de seguros por lo que los volúmenes de primas sufrieron una marcada contracción. El efecto es particularmente serio para las aseguradoras de Vida que siguen sintiendo los efectos de tasas de prima cuyos niveles llegan a profundidades sin precedentes, forzando a las compañías a pasar apuros para cumplir con los rendimientos garantizados a sus asegurados. La extrema liberalidad de las políticas de los bancos centrales ha resultado en una curva de rendimiento positiva con un marcado diferencial entre rendimientos a corto y largo plazo. Esto trae grandes beneficios a los bancos que, en general, tienden a preferir tasas de interés bajas para reducir sus costos de financiamiento en tanto que las aseguradoras se benefician con tasas más elevadas, pues su ciclo comercial inverso (primero cobran primas y pagan siniestros después) hace de los ingresos por intereses un pilar clave de su modelo de negocios.
Para apalancar la actual forma de la curva de rendimiento los bancos se endeudan básicamente sin costo y prestan a plazos más largos con márgenes atractivos. Debido a ello sus tan golpeados balances se han recuperado a un ritmo mucho más rápido de lo generalmente esperado. El lado negativo de la moneda es que aseguradoras y fondos de pensiones sufren, viéndose obligados a imponer dolorosas reducciones a los rendimientos que reciben sus asegurados y accionistas. En definitiva, se les hace pagar el precio de recapitalizar los bancos.
Debe identificarse claramente a estas políticas como causantes de una redistribución del ingreso a costa de los ahorristas -una propuesta dudosa por motivos tanto económicos como societarios. Además, algunos expertos consideran la “flexibilización cuantitativa” y otras herramientas no convencionales utilizadas por los bancos centrales como una suerte de política en la cuerda floja, pues su impacto a más largo plazo sobre las expectativas inflacionarias es en extremo incierto.
Es importante desarrollar una clara comprensión de los costos reales y potenciales provenientes de rentas ultra bajas sobre inversiones. Como lo demuestra la experiencia de Japón, las rentabilidades insuficientes (comparadas con los compromisos contractuales asumidos con los asegurados) pueden ser un veneno lento que podrían destruir a las aseguradoras de Vida. Pero no es necesario adoptar un escenario tan negativo para preocuparse sobre el costo que el actual régimen de rentabilidades tendrá para asegurados e inversores por igual: Los activos globales de la industria aseguradora suman alrededor de USD 24 billones, equivalentes a más del 10% de los activos financieros mundiales. Una reducción de apenas 100 puntos básicos resultaría en una pérdida de renta por inversión de unos USD 240.000 millones anuales, es decir más de tres huracanes Katrina por año. Un impacto negativo duradero sobre las rentabilidades de inversiones constituiría un reto particularmente serio para aseguradoras de No-Vida con resultados técnicos bajos o volátiles y para aseguradoras de Vida que han contraído obligaciones contractuales de rentabilidades mínimas.
La rentabilidad de las inversiones es un insumo clave para fijar el precio de los contratos de seguros. Por lo tanto, para compensar las rentabilidades más bajas los aseguradores tendrían que aumentar las tasas de prima para los Seguros de Vida y No-Vida y reducir los rendimientos que pueden ofrecer a sus asegurados de Vida. Como consecuencia de ello, algunos clientes optarían por una cobertura menor o intentarían administrar por sí solos los activos que destinaron a financiar sus pensiones. Desde una perspectiva de políticas públicas éste no es necesariamente un resultado deseable pues las personas renunciarían a la pericia y experiencia de uno de los líderes mundiales en gestión de activos -la industria aseguradora.
Inminentes cambios regulatorios acrecientan los retos que esperan a las aseguradoras. La tendencia global hacia regímenes de capital basados en riesgo -siendo posiblemente Solvencia II el marco más complejo y avanzado- reduce la libertad con que cuentan los aseguradores para invertir sus activos. Hacia el futuro, el riesgo de mercado (p.e. el riesgo de tasas de interés y tipos de cambio cambiantes) debe apuntalarse con una masa considerablemente superior de capital de riesgo, con lo que las inversiones en activos de mayor rentabilidad podrían ser potencialmente antieconómicas. Esto reduce la capacidad de los aseguradores para actuar en forma anticíclica, especialmente en ramos de seguro a muy largo plazo. Por ello los reguladores corren el riesgo de debilitar el rol estabilizador desempeñado tradicionalmente por los aseguradores en los mercados financieros.
Lamentablemente, los próximos cambios en las Normas Internacionales de Información Financiera (IFRS según su denominación en inglés) agravan este efecto indeseado pues el principio de ajuste a valores de mercado (“mark-to-market”) no logra reflejar el carácter de largo plazo de los pasivos de seguros y sus correspondientes activos, especialmente en épocas de tensión y mercados carentes de liquidez.
Bajo las normas de Solvencia II los títulos soberanos soportan la menor carga por riesgo, lo que significa un fuerte incentivo para que las aseguradoras prefieran invertir en esta clase de activos. Sin embargo, como consecuencia de las actuales políticas monetarias los rendimientos de títulos con renta fija y máxima calificación son extraordinariamente bajos. Además, los títulos soberanos -aun los no pertenecientes al grupo PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España)- ya no se consideran inversiones “a prueba de incumplimientos”. Las aseguradoras se encuentran, pues, atrapadas en un incómodo dilema: o aceptan inversiones de bajo rendimiento en títulos soberanos (que ya ni siquiera ofrecen tranquilidad de espíritu) o colocan en activos de mayor riesgo que suponen cargos de capital significativos o hasta prohibitivos e implican una volatilidad mucho más elevada en los resultados.
Los legisladores deberían reconocer que los asegurados pagan un elevado precio -con tasas de prima más elevadas especialmente en Seguros de No-Vida y menores garantías y participación en utilidades en las coberturas de Vida- por restaurar los balances de aquellos operadores de servicios financieros que desde un principio contribuyeron decisivamente a causar la crisis financiera.
Ver, por ejemplo, los trabajos publicados por “Mercado Asegurador” en sus ediciones de agosto de 2010, enero/febrero de 2011 y abril de 2011, así como otras publicaciones de The Geneva Association en http://www.genevaassociation.org/Home/Financial_Stability.aspx
Los links de algunas de ellas son:
http://www.genevaassociation.org/PDF/BookandMonographs/GA2011-Considerations_for_Identifying_SIFIs_in_Insurance.pdf
http://www.genevaassociation.org/PDF/General_Information/GA2011-PR-6-11.pdf
http://www.genevaassociation.org/LinkClick.aspx?fileticket=BqNb78CIgvc%3d&tabid=36
[Nota del Director] .

 
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